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jueves, 7 de febrero de 2013

Poema del mes. Febrero: Vicente Aleixandre


Estos días ventosos y fríos  del mes de febrero no animan mucho a salir de casa. Apetece quedarse leyendo, aprovechado los rayos de sol que animan la mañana , o sentirse abrigada mientras en la calle brama un viento que arranca ramas y tumba árboles añosos. Estaba releyendo a Vicente Aleixandre. Sus libros Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935) contienen bellísimos poemas. Entre ellos destaco hoy dos: Corazón negro y Eterno secreto. Me han emocionado por su lirismo y por su apasionada intensidad. Estos poemas pertenecen a La destrucción o el amor.

El sentimiento y la pasión recorren sus versos. El ritmo de las frases -construidas con una sintaxis precisa en la palabra y en la puntuación-, tensado por la emoción, alcanza certero el corazón del lector.

La pena sorda y lacerante que expresa Corazón negro nos llega a través de imágenes poderosas y vivas, muy visuales, cargadas de simbolismo. Ambos poemas tratan del amor perdido, de un amor roto que deja al amante dolorido y solitario, añorando la calidez y la vitalidad que yacen muertas en su recuerdo.

CORAZÓN NEGRO

Corazón negro.
Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.

Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.

¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos.
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!


 

ETERNO SECRETO

La celeste marca del amor en un campo desierto
donde hace unos minutos lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas manos han retenido.

Espera, espera siempre.
Todavía llevas
el radiante temblor de una piel íntima,
de unas celestes manos mensajeras
que al cabo te enviaron para que te reflejases en el corazón vivo,
en ese oscuro hueco sin latido
del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad sin lengua.

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,
la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,
se refugia en el pecho de ese cartón besado,
besado por la luna que pasa sin sonido,
como un largo vestido o un perfume invisible.

Ay tú, corazón que no tiene forma de corazón;
caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras duerme,
mientras el color verde de los árboles próximos
se estira como ramas enlazándose sordas.

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de cristal!
Que a las almas darías apariencia de besos;
en un bosque de palmas, de palomas dobladas,
de picos que se traman como las piedras inmóviles.

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:
ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,
que musitas la dura cerrazón de los cielos,
mientras mientes un agua que parece la sangre!

jueves, 17 de enero de 2013

Jack Kerouac: Els pòtols místics (Los vagabundos del Dharma)


No había leído nada de Jack Kerouac, aun conociendo la importancia de su obra En la carretera. Un amigo me prestó Els pòtols místics, traducida por Manuel de Pedrolo (en traducción castellana Los vagabundos del Dharma). En cuanto la hojeé un poco, supe que debía leer esta novela. De entrada, me sentí cautivada hasta la emoción  por los dos o tres fragmentos descriptivos con los que me topé al azar. Ahora que la he terminado, puedo deciros que es una de las novelas más bonitas que he leído. 


Jack Kerouac  (1922-1969), miembro de la Beat Generation y autor de la emblemática novela  En la carretera, recogió en  
The Dharma Bums, título original,  las inquietudes de todo un sector de jóvenes norteamericanos de la década de los años 50. Tuvo el mérito de plasmar en un relato de ficción un ideal y un modelo de vida que respondía a una nueva sensibilidad  que no tardaría en difundirse en Europa.

En mi opinión, el autor de  Els pòtols místics (1958) trata un tema clásico, de antigua raigambre, que gracias a su originalidad como escritor resultó novedoso y de gran influencia en su momento:   la relación entre el bucolismo y el deseo de regeneración espiritual, materializada en el interés por el budismo Zen y la vida libre y vagabunda de los personajes, que buscan constantemente la inmersión en una naturaleza grandiosa y salvaje.

Ya en autores clásicos como Teócrito  y Virgilio aparece este tema, que experimenta un poderoso auge durante el Renacimiento. Así, por ejemplo, los jóvenes narradores del Decamerón, agobiados por el sufrimiento ocasionado por la peste que ha asolado Florencia, abandonan la población y se retiran a una villa en el campo. El contacto con la naturaleza les hace revivir y les permite crear un nuevo marco de vida propio y más auténtico, en cuyo seno darán rienda suelta a unos relatos que reflejan un nuevo espíritu, alejado ya de lo medieval. La novela pastoril, por su parte, recrea un entorno bucólico idealizado y pone en boca de pastores refinados y cultos un discurso en el que se pinta un mundo mejor que el real, todo ello bajo la poderosa influencia del neoplatonismo.

Avanzando un poco más en el tiempo, encontramos en el Romanticismo una nueva visión de lo bucólico. Este movimiento rompe con las formas literarias tradicionales a través de las que se había cultivado este tema, pero mantiene, no obstante, la esencia del culto bucólico, que es la comunión con la Naturaleza. Con el Romanticismo la búsqueda de lo sagrado y trascendente se desplaza hacia la Naturaleza, convirtiéndose el amor hacia esta en una nueva religión. El hombre romántico busca la unión con la divinidad a través de la Naturaleza, pues en ella satisface el anhelo de  la fusión con algo más grande y cósmico que él mismo.

En relación con este tema aparece otro que también forma parte de la tradición clásica: el contraste entre las bondades de la vida natural y los inconvenientes de la vida urbana. Este contraste recorre constantemente el relato de Kerouac, como veremos.

En cuanto al modelo humano que nos brinda Els pòtols místics (Los vagabundos del Dharma), que es el que lleva a la práctica este ideal de vida, el pastor clásico y el aventurero romántico quedan ya lejos y les sustituye el joven e idealista vagabundo, hombre autosuficiente, austero, práctico, amante de la vida libre y sin ataduras, representado por el personaje Japhy Ryder, joven a quien el protagonista de la novela admira sin reservas.  En este hombre nuevo se aúnan el ideal bucólico y las inquietudes espirituales que, en el caso de la novela que nos ocupa, se apartan de lo común en la cultura occidental para centrarse en un poderoso interés por el pensamiento budista y el modelo de vida que este propone.

Aquí radica, en mi opinión, uno de los elementos más innovadores que debió suponer Els pòtols místics en los años 50 en EEUU: la conversión en materia de ficción literaria del interés por la espiritualidad oriental que comenzaba a desarrollarse en Norteamérica y que tendría su mayor florecimiento a lo largo de los años 60 y 70. Hubo, sin duda, tal como destaca Vicente Merlo en su ensayo  La llamada (de la) Nueva Era, una idealización de Oriente tan centrada en lo espiritual que olvidó el Oriente real. El caso es que, según este autor, el orientalismo canalizaba la rebelión y el rechazo de la propia cultura y la propia sociedad y cumplía la función de proyectar los propios ideales en una cultura, un movimiento o unas figuras muy alejados en el tiempo y en el espacio.  En este sentido, los personajes de Els pòtols místics son precursores, avanzadilla de cuanto llegará a desarrollarse y difundirse a través del movimiento hippie en los años 60. Pero veamos ya cómo aparecen estos temas en la novela.

Ray Smith, el narrador protagonista, y sus amigos son jóvenes con inquietudes,  que se sienten diferentes. Buscan algo distinto de la vida convencional que lleva la gente de la clase media americana. Se sienten atraídos por la vida natural, más auténtica y más libre. 

“Amb els nostres vestits vells, en Japhy i jo féiem un efecte tot estrany en el terreny de la Universitat, i de fet,en Japhy hi era considerat un excèntric, cosa corrent en aquesta mena d’indrets i entre les persones que els freqüenten, quan hi fa cap un home veritable, ja que les facultats no són sinó centres d’ensenyança que s’ocupen d’una clase mitja sense personalitat que té la seva expressió perfecta ala perifèria de la universitat, en aquestes rengleres de cases de gent benestant, am els seus jardinets i un televisor a cada sala d’estar, tothom mirant el mateix i pensant en el mateix alhora, mentre els Japhys del món vaguen pels erms per tal d’escoltar la veu que clama en el desert, descubrir l’èxtasi de les estrelles i esbrinar el secret misterios i obscur de l’origen de la crapulosa civilització sense rostre ni fantasia”.

 El interés por el budismo Zen lo llevan consigo los personajes desde el primer capítulo de la novela. No harán otra cosa que servirse de esta guía espiritual y moral para conducirse en las circunstancias que se les irán presentando a lo largo del argumento. Hallan en el budismo Zen una vía, no de escape, sino un camino para alcanzar la satisfacción de un anhelo interior que la vida de su entorno cotidiano, familiar y conocido no les proporciona. Hay que destacar especialmente que en estos jóvenes se aúna el espíritu contemplativo con la vida del hombre de acción en medio de la naturaleza salvaje y pura. Su acción no se encamina, evidentemente, a conseguir un lugar en el sistema de la sociedad capitalista, sino todo lo contrario: buscan la pureza y la elementalidad.

Ray Smith y sus amigos Japhy Ryder  y Morley  proyectan escalar el Matterhorn. Durante la preparación y el inicio de esta expedición vamos conociendo a través de los diálogos cuáles son los ideales y los intereses que inspiran la conducta de estos jóvenes: el pensamiento budista, la naturaleza como huida de la civilización, la poesía…

De camino hacia la montaña, la naturaleza se les ofrece bella, fresca y acogedora, como el lugar natural donde los caminantes hallan acomodo y cobijo en todo momento. Las breves descripciones del narrador nos dan una imagen viva y dinámica de cada rincón de la montaña por donde pasan: 

“Jo em sentia  inmensament complagut amb aquella mena d’aspecte inmortal que tenia el sender al començament de la tarda, amb els vessants herbosos d’un costat que semblaven plens de pols d’or, amb els insectes que saltaven sobre les roques i amb el vent que sospirava una dansa tremolosa entre les pedres calentes. Ara i adés el sender s’endinsava per algún indret fresc i ombrejat, atapeït de grans arbres alts entre els quals la llum es feia més profunda.”

El sentimiento de profunda comunión con la naturaleza hace que Ray experimente la sensación de algo vivido con anterioridad en medio del bello paisaje:

 “Però jo tenia la impressió que ja havia vist –una altra tarda, feia molt de temps- aquell sender, els Prats, les roques, els tramussos i les roselles; que havia vist el tumultuós rierol amb el tronc caigut que li feia de pont i la verdor del fons. En el meu cor hi havia quelcom d’indescriptiblement partit, com si amb anterioritat ja hagués viscut i caminat per aquell sender amb un companu bodhisattva, però en el curs d’un viatge potser més important; em venien ganes de deixar-me caure en un marge i de reocrdar-ho tot”.

El hombre natural, que encuentra su sitio en el seno de la naturaleza, siente que pertenece a este mundo, no al opuesto, que es el de la civilización y el de la ciudad. Esa conciencia se mantiene a lo largo de la novela como un hilo conductor que le proporciona unidad temática. Los jóvenes disfrutan de la escalada y de las sorpresas que les va deparando el trayecto por los imponentes paisajes. La prosa de Jack Kerouac, a través de la visión de Ray,  nos transmite una mirada inocente y pura sobre la naturaleza solitaria y agreste, alejada de la civilización, tal como la buscan los jóvenes protagonistas. La naturaleza es percibida como algo sagrado y trascendente:

“- Quin silenci!- vaig exclamar.
-Sí señor. Saps? Per a mi, una muntanya és un Buda. Pensa en la seva paciencia. Centenars de milers d’anys immòbil al seu lloc, en un silenci perfecte i com si en aquest silenci pregués per tots els éssers vius, tot espeerant que posem terme a les nostres agitacions i ximpleries.

Continuamente aparece el contraste entre civilización y naturaleza. Los personajes se encargan de ello. La naturaleza se convierte así en un valor supremo, conscientemente buscado y exaltado. La belleza sobrecoge el corazón de Smith y lo llena de felicidad. Su mirada sobre el paisaje y sobre las experiencias vividas en él es inocente y limpia, receptiva y positiva:

 “En tota la meva vida no havia conegut un moment tan feliç com el que vaig pasar seguint el sender dels cérvols tot sol, […] Em sentia profundament agraït per tot.

Con el relato de la visita a casa de Sean Monahan y su esposa, Ray nos presenta el ideal de vida natural, autosuficiente  y austera en medio del entorno natural. El contraste entre la vida libre del vagabundo en medio de la naturaleza y la vida de quienes viven atados a un trabajo reglado en el medio urbano y se dedican a ganar dinero se refleja de nuevo en el encuentro de Ray con Beaudry, un camionero que le lleva durante una parte de su trayecto. Gentes como Beaudry  tienen bienes materiales, pero carecen de libertad.

Cuando Ray se va de casa de Sean, después de pasar dos días con Japhy, que se marcha a Japón, se encamina hacia las montañas de la zona de Seatle para trabajar como guardabosque en el monte Desolación.  Durante el trayecto, Ray no tiene ojos más que para la belleza de cuanto se ofrece a su paso:

 “Aquell torrent de puresa que tenia als peus era obra de les muntanyes serenes. El sol brillaba en els remolins, on alguns troncs s’encaraven amb el corrent. Els ocells volaven a tocar de l’aigua, buscant peixos somrients i amagats que tan sols ocasionalment i de sobte saltaven de llur element, arquejant l’esquena i tornant a caure en el corrent. […] Era un riu de meravella, el buit de l’eternitat daurada que s’omplia d’olors de molsa, escorces, branques i fang; davant  els meus ulls feia desfilar visions ululants i misterioses, tot i tractar-se d’un indret tranquil i perenne, cobert d’arbres que s’enfilavan pels vessants i de clapes de sol dansaires.”

La vida en la montaña solitaria, en el ambiente duro y helado del entorno donde se halla su cabaña, es para Ray una prueba y a la vez la comprobación de que puede vivir por sí mismo en tales condiciones. Es una experiencia que le hace feliz, y, por ello, siente una enorme gratitud. Cuando finaliza su estancia en la cabaña, es consciente de que ha vivido en la Arcadia soñada y de que gracias a esta experiencia ha vivido fuera de “este” mundo:

Vaig tombar-me un altre cop i vaig prosseguir la meva davallada pel sender, de nou cap a aquest món.”

En cuanto al estilo, la prosa de Jack Kerouac es fresca, concisa, esencial, despojada de todo lo superfluo. El autor posee un magistral dominio del ritmo narrativo, que logra mantener la atención del lector en todo momento, a pesar de los abundantes fragmentos narrativos. Las descripciones adquieren pleno sentido en medio de la narración y participan también del ritmo ágil y de la misma tensión narrativa, nunca se hacen pesadas. Constituyen un elemento esencial de la novela, pues en ellas se concreta y se materializa buena parte del tema principal  de la obra.

Como os decía al principio, la novela es preciosa, y mi recomendación es que la leáis sin prejuicios, sin hacer caso de sinopsis superficiales y llenas de estereotipos. Lo esencial es el encuentro entre el lector y la obra y las ideas y sensaciones que surgen de esa comunicación. La literatura ofrece siempre una radiografía ideológica de cada momento y nos permite un acercamiento y una comprensión de la sensibilidad de las personas que viven en un período histórico determinado.

sábado, 5 de enero de 2013

Poema del mes. Enero: Pablo Neruda


El mes de enero es la puerta del año. Nos invita a la esperanza de algo mejor.  En el paso de un año a otro hay siempre algo que muere para que lo nuevo pueda nacer. Es el poder de los ciclos de la naturaleza que el ser humano lleva incorporados en sus esquemas mentales, aunque a veces nos cueste reconocerlo, tan distintos llegamos a sentirnos del mundo natural,  como si fuéramos algo aparte de la naturaleza.

Creo que este bonito poema de Pablo Neruda, perteneciente al libro Estravagario (1958), está en perfecta sintonía con esa relación profunda entre el ser humano y la naturaleza. Me gusta especialmente la  breve evocación del invierno y la imagen quede sí mismo nos ofrece, sumido en  el recogimiento y el silencio que incuban una explosión de vida.


PIDO SILENCIO

AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.


martes, 25 de diciembre de 2012

Sobre el buey y la mula


Frontal d'Avià
Me ha parecido muy gracioso el revuelo armado en la prensa en torno a la mula y el buey del tradicional belén navideño. A partir de un comentario de Joseph Ratzinger en su libro sobre la infancia de Jesús de Nazaret, donde dice que en los evangelios de Lucas y Mateo  -únicos textos canónicos que describen el nacimiento de Jesús-  no aparecen estos dos animales, se ha desatado una curiosa polémica acerca de si deben o no seguir figurando en los belenes. El propio Ratzinger considera que debe mantenerse la tradición.

Algunos villancicos muy conocidos, como  ¡Ay del Chiquirritín, del que cito un fragmento,  recogen la imagen de esta escena tan popular: el Niño Jesús entre los dos animales.

Ay del Chiquirritín,
Chiquirriquitín,
metidito entre pajas;
ay, del del Chiquirritín,
Chiquirriquitín,
queridín queridito del alma.

Por debajo del arco del portalito,
se descubre a María, José y el Níño.

Ay, del Chiquitín...

Entre un buey y una mula Dios ha nacido,
y en un pobre pesebre le han recogido.

Ay, del Chiquitín...

A propósito de las figuras del buey y la mula, he leído hoy dos textos que recomiendo vivamente a todos quienes se interesen por temas de iconografía y mitología. El primero es una entrada de Margarida Muñoz, del blog Medievalistes en bloc, que explica detalladamente y de forma muy documentada el origen de la presencia de estos animales en los pesebres;  el otro es un texto del libro de Joseph Cambell Imagen del mito, en el cual este autor ofrece una interpretación del significado del buey y la mula.

A la entrada titulada “…un bou i un ase el van adorar” podéis acceder mediante el enlace. El texto de Campbell lo reproduzco a continuación, pues no es muy largo. En mi opinión, ambos textos se complementan e ilustran tan simpático tema.


“La presencia en los relatos del Cristo Salvador de muchos de los temas más apreciados de las antiguas mitologías paganas constituye una reconocida y reiterada característica de los primeros siglos de la era cristiana. Por ejemplo, el significado del asno y el buey en la escena de la Natividad debió de ser perfectamente obvio para todo el mundo en el siglo IV d.C., puesto que tales eran los animales con los que se representaba en esa época la rivalidad entre los hermanos Seth y Osiris. Su inclusión en la nueva escena habría significado, en primer lugar, la reconciliación  de los opuestos en la persona de Cristo: “Más yo os digo: amad a vuestros enemigos” (Mateo 5, 44); y, en segundo lugar, que en el nacimiento, muerte y resurrección del nuevo Salvador se cumplían, histórica y realmente, las promesas sólo prefiguradas como simples mitos en los cultos de los dioses paganos: “Porque”, como leemos en un texto del siglo II, la llamada Segunda Epístola de Pedro, “cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro señor Jesucristo, no seguimos sutiles mitos, sino que fuimos testigos directos de su grandeza” (II Pedro I,16).


De manera semejante, la imagen de los magos […] con el gorro frigio asociado por aquel entonces con el dios salvador persa Mitra, debió de ser una clara indicación de que incluso los seguidores de ese poderoso rival del cristianismo habían reconocido y adoraban ahora al recién nacido rey. De este modo, las promesas y aspiraciones de todos los misterios de la Antigüedad se mostraban reunidas en el evangelio de esta sola encarnación histórica del único y verdadero Dios.


La noche del 25 de diciembre, fecha en la cual se estableció finalmente el nacimiento de Cristo, era exactamente la de la celebración del nacimiento del salvador persa Mitra, quien, como encarnación de la luz eterna, nacía a la medianoche del solsticio de invierno (entonces datado el 25 de diciembre), en el momento del año en que empezaban a predominar las horas de luz sobre las de oscuridad.”

                                         Joseph Cambell, Imagen del mito. Atalanta. Girona: 2012 (págs. 57- 58)

A mí me encanta leer sobre estos temas. Si habéis llegado hasta aquí, gracias por seguirme, deseo que los textos os hayan gustado. ¡Hasta pronto!

lunes, 24 de diciembre de 2012

Nochebuena

Un beso a todos los que me leéis. Gracias por vuestros comentarios, por dedicarme unos minutos de vuestro tiempo. Nos une el amor a la literatura.

Para esta noche, mis mejores deseos a todos. Que el sol de la esperanza brille siempre en nuestros corazones.

El poeta León Felipe dijo:

Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios.

Camí de Tornaltí de'n Vigo (Maó)


sábado, 22 de diciembre de 2012

Isak Dinesen: Cuentos de invierno


 Isak Dinesen, pseudónimo de Karen Blixen, es una autora mundialmente conocida y su libro de relatos Cuentos de invierno, un clásico de la literatura universal contemporánea. Después de muchos años, en los que mi admiración por esta escritora no ha hecho sino crecer, he releído los bellos relatos que componen el libro. Me han emocionado como la primera vez y me han interesado doblemente. Ante una obra tan conocida, y sin la pretensión de aportar nada sustancialmente nuevo, me centraré en el comentario de algunos puntos que, personalmente, me parecen significativos y me han interesado a lo largo de la lectura.

Isak Dinesen escribió Cuentos de invierno durante la ocupación alemana de Dinamarca. La obra fue publicada en 1942. A diferencia de Siete cuentos góticos, la mayoría de historias transcurren en Dinamarca total o parcialmente. Once cuentos componen el libro: El joven del clavel, El acre del dolor, La heroína, Cuento del joven marinero, Las perlas, Los invencibles dueños de esclavos, El niño soñador, Alkmene, El pez, Peter y Rosa y Un cuento consolador.

Las historias narradas se sitúan siempre en el pasado, nunca en la época de la autora: de algunas nos dice la narradora que ocurrieron en el siglo XIX; de otras,  en un pasado lejano sin precisar. No hay argumentos o personajes contemporáneos. Probablemente, esta característica los sitúa en una dimensión intemporal, donde lo que realmente cuenta es el conflicto ante el que se encuentran los personajes y la forma en que lo experimentan.

Varios temas destacan en la colección de cuentos: el destino, el niño de origen incierto que es adoptado y se desarrolla en una nueva familia, el artista y su esencia, los sueños, la antítesis entre la tierra y el mar y el anhelo por seguir el propio camino.

El tema del destino, el de cada ser humano, es uno de los más poderosos y recurrentes en la obra de Isak Dinesen. Destino no significa fatalidad, algo que marca y condiciona previamente a los personajes, sino algo con lo que uno se encuentra en un momento decisivo de la vida. Algo que sin duda es la propia verdad, aquello ante lo que hay que responder si uno no quiere traicionarse. Así, en El acre del dolor, el joven  a través del cual conocemos el sacrificio que realiza una madre para salvar a su hijo se siente partícipe de una circunstancia que le impresiona profundamente:

 “Si las cosas hubiesen sucedido de manera diferente, si su primo no hubiese muerto, y los acontecimientos consiguientes a su muerte no le hubiesen traído a él a Dinamarca, su búsqueda de la comprensión y la armonía podía haberle empujado hacia América, y haber encontrado ambas cosas allí, en las selvas vírgenes de un mundo nuevo. En cambio, se le habían revelado hoy en el lugar donde había jugado de pequeño. Del mismo modo que la canción se aúna con la meta, el mismo modo que los amantes se funden en un abrazo, así el hombre se aúna con su destino, y lo amará como a sí mismo.”

En el momento en que los personajes conocen el rostro de su destino y lo aceptan, se someten a algo más grande que ellos mismos. Es el caso, por ejemplo, de Peter y Rosa, los protagonistas de uno de los cuentos más bonitos.

En Peter y Rosa, en El niño soñador y en Alkmene nos encontramos con el tema del niño abandonado o perdido que encuentra un hogar en el que crece y es educado, pero que no es su verdadero lugar en el mundo. El niño soñador es un cuento que compendia varios temas: el del niño perdido que intuye sus orígenes y la vida le hace el regalo de devolverle supuestamente a su sitio y a su familia; el del amor apasionado oculto bajo la apariencia de serenidad y contención; y el tema de la muerte,  una vez que se logra aquello  tan ansiado. El protagonista del cuento es un poeta, nos dice la narradora. Tiene una sensibilidad especial. ¿Quién es el poeta, desde la perspectiva de este cuento? Es el niño, que sabe comunicar la verdad, la belleza, el encanto, y todos en su casa se han encariñado con él, y él les ha cambiado la vida. El niño soñador, el poeta,  pues, posee un don: comunica  la belleza total.

Cuento del joven marinero, por su parte, contiene todos los ingredientes del cuento maravilloso. Probablemente se halle inspirado en algún cuento popular danés. Es un relato absorbente, que desde el primer momento sumerge al lector en un ambiente y en una atmósfera intensos y de gran plasticidad y belleza.

Peter, de Peter y Rosa,  y el protagonista de Cuento del joven marinero sienten una poderosa atracción por el mar. Para ellos representa su verdad y su libertad. Es lo que les vincula con la esencia de  la verdadera vida, opuesta a la vida en tierra, entre los campesinos. Incluso las pescaderas son la antítesis de las campesinas:

Estas pescaderas pertenecían a una raza vigorosa y activa: recorrían veinte millas, cargadas como mulas, hiciera el tiempo que hiciese, y regresaban a casa a guisar para el marido y una docena de críos. Eran listas y chismosas, se sentían a sus anchas en todas las casas, y preferían  su profesión ambulante a la de la campesina, atada al establo o a la mantequera, y a la de la mujer del párroco.

Otra particularidad de estos Cuentos de invierno es que los protagonistas de los relatos o bien son niños, o son jóvenes. Sin embargo, hay en ellos algo que les hace sentirse extraños en el ambiente en el que se mueven o en el que están creciendo. Ni la joven de Las perlas, ni Alkmene, ni el príncipe de Un cuento consolador, por ejemplo, se sienten en el lugar que les corresponde. Buscan algo más, o buscan algo de acuerdo con sus sueños.

Los relatos de Cuentos de invierno son cuentos morales y ejemplares en el sentido cervantino, con una dimensión ética respecto al propio individuo, en los que hallamos personajes que reflexionan sobre los misterios de la vida y del destino humano, que se plantean y se cuestionan su manera de actuar y de estar en la vida. Algunos se encuentran cara a cara con situaciones en las que se les revela su destino y poseen la limpieza de alma necesaria para aceptarlo y disolverse en su verdad. 

Karen Blixen fue una narradora nata. Con sus historias disfrutamos del placer de que nos cuenten y de conocer personajes que a su vez cuentan otras historias y con ellos nos adentramos en relatos llenos de meandros y sinuosidades, donde lo principal es el gusto por la historia y por el disfrute de una  prosa bella y sugerente. Como muestra del estilo de la escritora, valga este texto  de una hermosa descripción en El niño soñador:

Habían llegado al final del bosque. Desde la entrada dominaban una gran perspectiva de paisaje despejado. Después de la oscuridad verdosa de la floresta, el mundo exterior  parecía increíblemente claro, y como blanqueado por la luminosa borrosidad del mediodía. Pero al cabo de un rato, los colores del campo, de los prados y de los grupos dispersos de árboles se definieron a sus ojos uno tras otro. Había un azul desvaído en el firmamento, con débiles cúmulos blancos y nubes sonrosadas a lo largo del horizonte. El centeno verde estaba a punto de espigar; donde el dedo de la brisa lo tocaba, corrían largas, suaves olas a lo largo del suelo. Las casitas con techumbre de paja de los campesinos emergían de la tierra ondulante como pequeños islotes cuadrados y encalados; alrededor de ellas, los setos de lias sostenían su follaje claro y, en lo alto, racimos de flores pálidas. Oyeron el rodar de un carruaje a lo lejos, y por encima de sus cabezas, el canto incesante de innumerables alondras.

Karen Blixen es una autora que merece la pena conocer. Quedarse solamente con la anécdota que proprociona la película Memorias de África, aunque sea bonita, resulta algo pobre, pues supone conformarse con la imagen tópica que el cine nos ha dejado de ella. Es preciso leerla. Solo así podemos conocer algo de esa magnífica escritora y mujer excepcional.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Poema del mes. Diciembre: José Agustín Goystisolo


Durante el mes de diciembre el ángel se convierte en una figura navideña debido a su papel de mensajero que anunció a los pastores el nacimiento de Jesús en Belén. El resto del año ese entrañable personaje se retira a la esfera de lo privado, pero no por eso abandona su intensa y polifacética actividad. Acompañar al ser humano es su principal función y de ahí se derivan muchas otras. El poeta Rafael Alberti conocía bien a estos seres celestiales  y  dio cumplida cuenta de su variedad y de sus complicadas tareas en su bellísima obra Sobre los ángeles.

Sócrates, por su parte, se refirió alguna vez a su daimon, ese ser interior que todos llevamos dentro, esa voz interna que nunca miente, que nos avisa antes de un mal paso y que nos habla con claridad meridiana siempre que estemos dispuestos a escucharle.


Hoy me encontrado con un bonito poema de José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), perteneciente al libro El ángel verde y otros poemas encontrados (1993).

EL ÁNGEL VERDE

El ángel era extraordinario
y tenía las plumas verdes.
Se sentó junto a mí en un banco
del Turó Park. No dijo nada
pero sopló sobre mi frente.
 Yo creí que era un ser alado
que se ocupaba solamente
de vigilar el colorido
de los olmos y los laureles.
¿Quién eres? Dije ¿un ángel puro?
¿Te pintó Rafael Alberti?
Una sombra se acercó al punto:
 era el guarda. ¿Qué le sucede?
A mí nada. ¿Por qué lo dice?
Porque habla solo. No, señor:
yo preguntaba al ángel éste.
Mejor se vuelva usted a la casa
la insolación es mala siempre.
Me levanté y salí del parque.
Conmigo vive el ángel verde.

Poema ligero, con un punto de ironía y humor, que nos presenta un ángel fuera de lo común por el color de sus plumas. Pero es un ángel de la vida, pues le sopla al poeta sobre la frente. El soplo o aliento es un elemento simbólico con el sentido de un principio de vida. El alma, por otra parte, es concebida a veces como un soplo, que, por supuesto, siempre es vital.  

Las alas y las plumas, propias de las criaturas del aire, son el atributo de muchos seres espirituales. El simbolismo de las alas, de las plumas y del vuelo hace referencia a la noción de ligereza espiritual y elevación de la tierra al cielo. El diccionario de los símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant dice así: “En la tradición cristiana las alas significan el movimiento aéreo, ligero y simbolizan el pneuma, el espíritu. En la Biblia son un símbolo constante de la espiritualidad o de la espiritualización , de los seres que están provistos de ellas. […] Poseer alas es pues dejar lo terrenal para acceder a lo celestial.

El verde, el color de los árboles y de las plantas, es un color de rico y amplio simbolismo,  tranquilizador y refrescante, que cada primavera reaparece en la naturaleza después del sueño del invierno. Es también el color de la esperanza, de la fuerza, de la longevidad y de la inmortalidad.

El ángel verde del poema de José A. Goytisolo, en mi opinión, es el símbolo de la vida y de la verdad interior. En este sentido, el final me parece claro: “Conmigo vive el ángel verde”, pues el ángel, como el daimon socrático no es sino el yo interior, espiritual y secreto, de cada persona, en este caso del poeta. 

Es, creo yo, esa vida interior que jamás puede sernos arrebatada, pues es parte de nosotros. Lo que pasa a veces es que nosotros mismos no dejamos respirar al ángel verde que habita en nuestro corazón, e incluso llegamos a tenerlo tan marginado y silenciado, que el pobre está a punto de marchitarse y morir, como una planta que no ve la luz.