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domingo, 17 de enero de 2016

Haruki Murakami: Al sur de la frontera, al oeste del sol

He releído esta preciosa novela de Haruki Murakami en su edición catalana, L’amant perillosa. Al sud de la frontera, a l’oest del sol. La leí por primera vez hace poco más de diez años y me encantó, pero fue una lectura rápida, durante un viaje. Al volver sobre ella, la he leído de otra forma, con intención de fijarme más en los personajes, en el argumento y ver dónde reside la poesía que desprende esta obra literaria. No me ha defraudado.

La novela es de 1992. Se trata de un relato autobiográfico en el cual Hajime, el protagonista, evoca su pasado en relación con la historia de amor vivida con una misteriosa mujer que dejó en él una profunda huella. Adopta la forma  de bildungsroman, o novela de formación o de aprendizaje, en la que se narra el desarrollo y la evolución de un personaje. En Al sur de la frontera… las fechas son muy importantes, así como la edad del narrador y de los personajes principales en cada uno de los momentos clave de la historia. Hajime comienza con la fecha de su nacimiento y da una detallada descripción de sus orígenes familiares, de la clase social a la que pertenece por nacimiento, la clase media acomodada japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Al sur de la frontera… es a la vez el relato de la educación sentimental de Hajime, siempre insatisfecho, marcada por dos hechos fundamentales: ser hijo único y compartir esta característica con Shimamoto, su mejor amiga del colegio de primaria, que cojea de la pierna izquierda como secuela de la poliomielitis.

Ya desde el principio, Shimamoto se nos aparece como “la mujer misteriosa”, rasgo que conservará a lo largo de la novela  y que dará tantos quebraderos de cabeza al narrador protagonista:  “Però jo veía en ella alguna cosa càlida i frágil amagada sota la superficie. Una cosa molt semblant a un unen jugant a fet i amagar: oculta en el seu interior però esperant que la trobessin. Era com una ombra que jo entreveía en les seves paraules i en la seva expressió.” Al comenzar la secundaria, Hajime y Shimamoto dejan de relacionarse y cada uno emprende un camino distinto. Este alejamiento será vivido por ellos de forma dolorosa, pues no es una relación cortada voluntariamente, sino fruto de las circunstancias y de los temores de ambos. Muchos años después volverán a encontrarse.

Hajime comparte con Shimamoto su afición por la música, elemento clave y recurrente en la obra. El título de la novela se basa en una canción de Nat King Cole: “En la distancia, Nat King Cole cantava “South of the border”. La cançó parlava de Mèxic, però en aquella época no en tenia ni idea. Les paraules “al sud de la frontera” feien un ressò misterios que em subjugava. Cada vegada que sentia aquella cançò empreguntava què hi devia haver al sud de la frontera.” Toda la música que se menciona, todo lo que escuchan los protagonistas, la que se toca en los bares de Hajime, es occidental, no japonesa. El jazz es su pasión musical. Al sur de la frontera… revela la admiración y la identificación con la cultura occidental en sus formas de vida y del arte.


La novela es un recuerdo y una valoración del pasado hecha desde el presente de Hajime adulto. Es un intento de explicación y de justificación de su situación actual. En el fondo late la búsqueda incesante de un amor que le satisfaga plenamente, del encuentro con la persona especial, búsqueda que le acompaña de forma permanente en las diversas etapas de su vida llevándole hacia relaciones que nunca llegan a cuajar, porque no le satisfacen completamente. Hajime busca siempre algo más en las chicas que conoce, busca en las otras algo de Shimamoto, que es su ideal.

Hajime es un soñador de factura romántica:  “Per a mi, la frontera que separa el món real i el dels somnis sempre ha estat vaga”. La forma en que se siente atraído por cierta clase de mujeres nace de la creencia en el amor como destino ineluctable: “El que m’atreu no é spas una bellesa externa i quantificable, sinó alguna cosa molt més profunda, absoluta. Igual com algunes persones tenen una passió secreta per les tempestes, els terratrèmols o les apagades de llum, a mi m’agrada aquesta cosa indefinible que algunes dones em dirigeixen secretament. A falta d’una paraula millor, diguem-ne “magnetisme”.És una força que estira la gent, que la xucla tant sí com no.”

Es algo que va más allá de lo cotidiano y convencional, una inclinación secreta a la búsqueda de lo absoluto y de lo imposible en la relación amorosa y en el ser de la mujer amada. No puedo evitar sentir el eco de una rima de Bécquer en la que el yo poético descarta a dos mujeres “reales” y se inclina por la amada imposible, por la mujer soñada. Hajime persigue este sueño, el fulgor de esa llama que encendió Shimamoto en su corazón a los doce años.

Relato de una educación sentimental y sexual, novela de reflexión y de toma de conciencia de sí mismo, sobre su carácter, su personalidad, su forma de encarar las circunstancias de la vida y las relaciones humanas, el trabajo y el ocio, Al sur de la frontera… es también un retrato de la vida cotidiana de la clase media acomodada del Japón, que ha asimilado e integrado mucho de la cultura occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De refilón, a través de un personaje secundario, el padre de su esposa Yukiko, se introduce una clara imagen de la conducta corrupta de algunos hombres de negocios japoneses que en connivencia con políticos también corruptos no resulta para nada extraña ni sorprendente, pues aquí en España ya la conocemos sobradamente, así como sus desastrosas consecuencias.

A la edad de treinta años Hajime se casa con Yukiko y su vida toma una senda segura y tranquila: una familia, la propiedad de dos bares elegantes donde se sirven cócteles y se toca diariamente música de jazz, seguridad económica… Esa vida que muchos envidiarían porque es la del que en apariencia lo tiene todo. Y sin embargo Hajime se siente insatifecho. Entonces aparece de nuevo la mujer misteriosa y todo toma un rumbo inesperado.

Aunque Al sur de la frontera... es novela contemporánea al cien por cien, hallamos en ella imágenes y temas literarios clásicos. Uno de ellos es la relación entre el amor y la muerte escondida tras el simbolismo de la segunda frase del título “al oeste del sol”. La amante misteriosa, la mujer  imposible en tanto que ideal, la naturaleza como lugar donde los amantes viven experiencias emocionales fuera de lo ordinario (representado por la ciudad), la pequeña urna funeraria que contiene las cenizas lanzadas al río con la esperanza de que lleguen al mar son otros de estos temas. Es inevitable la relación con el poema de Jorge Manrique que recoge el tópico literario de la vidas humanas como ríos “que van a dar en la mar, que es el morir”. Y no obstante, el simbolismo del mar contiene también la idea de lugar donde nace la vida o donde la vida permanece.

La novela de Murakami es una construcción literaria en la que no falta tampoco el ingrediente de la mujer que hiere al hombre que ama o que la ama, para completar esa imagen del amor de corte romántico.  En este caso, es preciso añadir que la propia Shimamoto cultiva a fondo su misterio. A punto está Hajime de ser devorado por la pasión y el deseo al entregarse a la vivencia de un amor que no puede alcanzar su culminación porque no tiene encaje en la vida real y cotidiana. La pasión amorosa que da vida a Hajime, al tiempo que le consume, no tiene cabida en la vida cómoda, familiar y tranquila. Pertenece al mundo de los sueños.


Al sur de la frontera, al oeste del sol es una novela que invita a la relectura y también al comentario. Su simplicidad, enmascarada bajo un lenguaje claro y directo, no exento de lirismo y emoción, esconde mucho tema y mucho arte. Murakami es un maestro de la narrativa contemporánea japonesa.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr

                                                                               
A mi hijo Pedro, que me prestó este libro.

He disfrutado muchísimo con esta obra de Haruki Murakami, cuyo título encontré sorprendente en un autor de quien desconocía su afición por la carrera de fondo. De qué hablo cuando hablo de correr es un texto autobiográfico, un libro de reflexiones acerca de lo que para el autor significa correr y de lo que esta afición le aporta en lo personal y en lo literario. No pensemos, pues, que esa faceta de la personalidad del novelista japonés se opone a su oficio de creador. Al revés. El corredor y el escritor se nutren mutuamente y se complementan formando un todo inseparable, ese que hemos ido conociendo a medida que se iban publicando sus libros.

Murakami nos explica por qué prefiere esta actividad frente a otras y lo atribuye a un rasgo de su forma de ser: su preferencia por la soledad y por aquellas actividades que pueden llevarse a cabo en solitario y no de forma colaborativa o competitiva. Al correr compite solo contra sí mismo o, en cualquier caso, siente que se esfuerza por superarse y ello le aporta una sensación de gran bienestar.

Escribir sobre el hecho de correr da pie a hermosos comentarios o descripciones, como por ejemplo la del río Charles,  o a comparar la carrera de fondo con su actividad como escritor.

“Los ríos, a no ser que sufran cambios trascendentales, no varían mucho con el paso de los años, pero me pareció que el río Charles estaba especialmente igual que siempre. Había transcurrido el tiempo, los estudiantes eran otros, yo tenía diez años más, y por debajo del puente había corrido, literalmente, mucha agua. Con todo, el río en sí no había cambiado ni un ápice y seguía mostrando su apariencia de antaño. El caudaloso curso de agua fluía silencioso hacia la bahía de Boston. Remojando las orillas, haciendo brotar las verdes plantas estivales, alimentando a las aves acuáticas, pasando bajo el viejo puente de piedra, reflejando las nubes en verano (o llevando a flote cascos de hielo en invierno), sin prisa, pero sin pausa, como esas ideas inmutables que han conseguido sobrevivir a numerosas revisiones, el río simplemente seguía, silencioso, su camino hacia el mar.” (pág. 27)

La reflexión sobre el hecho de correr articula el análisis sobre sí mismo, sobre su manera de entender la vida y el hecho de escribir. Vuelve otra vez la imagen del río, tópico universal,  como un eco clasicista en el que se entreteje esa conciencia del autor de ser únicamente rival de sí mismo:

“Mientras corro pienso, de improviso, que tampoco pasa nada si no consigo mejorar mis marcas. He envejecido y el tiempo se va cobrando sus cuotas. Nadie tiene la culpa. Son las reglas del juego. Es igual que los ríos que fluyen hacia el mar. Sólo puedes aceptar esa imagen tuya tal como es, como una parte más del paisaje natural.” (pág. 38)

Haruki Murakami, de forma ágil y amena, a través de una prosa sencilla y precisa, nos relata momentos clave de su biografía: a qué se dedicaba antes de convertirse en escritor, de qué forma decidió dar un cambio a su vida y entregarse a la literatura, sus viajes, su participación en muchas carreras en diversas partes del mundo… Un recorrido vital presidido por la pasión por la carrera de fondo y por el oficio de escribir. Ilustran el libro varias fotografías de Murakami tomando parte en algunas carreras con otros muchos corredores o bien corriendo en solitario, como en la carrera de Maratón, en Grecia.

A lo largo del libro se acentúa el paralelismo constante entr correr y escribir. Murakami analiza las cualidades que requiere un buen escritor. La premisa es el talento, que serviría de poco si no fuera acompañada de otras dos: la concentración y la constancia. Así, carrera de fondo y creación literaria van a la par: “En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada día.

Anécdotas personales, comentarios sobre el tipo de música que le gusta escuchar mientras corre, visiones del paisaje y del entorno de cada carrera, valoraciones de su técnica como corredor y de las formas de potenciar su forma física hacen de este libro una obra entretenida, en la que destaca especialmente el factor humano. El propio Murakami nos brinda la ocasión de conocerle mejor y valorarle aún más como escritor. La sencillez y la brevedad del texto no deben hacernos olvidar que nos hallamos ante uno de los más brillantes autores japoneses actuales. 


De qué hablo cuando hablo de correr gustará, sin duda, tanto a los lectores que ya conocen a Haruki Murakami y disfrutan con sus libros, como a aquellos que son aficionados a correr y quizá se sientan atraídos por la temática de la obra.