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domingo, 14 de febrero de 2016

El anuario poético: una definición

Llevo un montón de entradas con la etiqueta de anuario poético. Creo que debo tratar de definir el concepto y profundizar un poco en él.

En mi opinión, un anuario poético puede ser una antología de poemas que contienen alguna referencia a los meses del año o  a las estaciones. En  estos textos los autores expresan las sensaciones, sentimientos, percepciones, ideas, evocaciones, etc. que los meses del año o las estaciones provocan en ellos. Otra posibilidad es escoger mensualmente un poema para darle un cierto relieve, por razones estrictamente particulares, no porque en el texto se mencione un mes o una estación.

Como toda antología es siempre una selección personal y no puede abarcar nunca la totalidad, el anuario que cada uno elabore contendrá evidentemente un gran abanico de posibilidades. El motivo literario del mes o la estación aparecerán probablemente integrados en otros temas más amplios, pero puede suceder también que lo que en algunos poemas sea un motivo, en otros se convierta en tema.

Creo que puede considerarse el anuario poético desde varias perspectivas. En primer lugar, y desde el punto de vista del poeta, su visión acerca del reflejo del paso del tiempo sobre la naturaleza, como en este poema de Juan R. Jiménez (Segunda antolojía poética):

OCTUBRE
A través de la paz del agua pura,
el sol de dora al río sus verdines;
las hojas secas van, y los jazmines
últimos, sobre el oro a la ventura.
El cielo, verde, en la más libre altura
 de su ancha plenitud, deja los fines
del mundo en un estremo de jardines
 de ilusión. ¡Tarde en toda tu hermosura!
¡Qué paz! Al chopo claro viene y canta
un pájaro. Una nube se desvae
sin color, y una sola mariposa,
luz, se sume en la luz…
                                     Y se levanta
de todo no sé qué hálito, que trae,
 triste de no morir aún más, la rosa.

 La huella que un mes o una estación causa en su ánimo, como por ejemplo en este poema de F. García Lorca, que se refiere a los meses de noviembre y abril (Canciones y primeras canciones):

CANCIÓN DE NOVIEMBRE Y ABRIL
El cielo nublado 
pone mis ojos blancos.

Yo, para darles vida,
les acerco una flor
amarilla.

No consigo turbarlos.
Siguen yertos y blancos.

(Entre mis hombros vuela
mi alma dorada y plena.)

El cielo de Abril
pone mis ojos de añil.

Yo, para darles alma,
les acerco una rosa
blanca.

No consigo infundir
lo blanco en el añil.

(Entre mis hombros vuela
mi alma impasible y ciega.)

O la vinculación entre un momento del año y una anécdota o historia personal, como en el famosísimo "Romance del prisionero", perteneciente al Romancero Viejo.

En segundo lugar, cabe resaltar la perspectiva del lector que escoge un poema. ¿Por qué lo ha elegido? ¿Qué impresión le ha causado? ¿Qué le comunica tal o cual poema? Otra posibilidad es considerar los poemas del anuario como textos vinculados a una tradición poética, bien porque la siguen, bien porque rompen con ella.

Meses del año o estaciones, tanto da, porque en el fondo de estos poemas late la conciencia del paso del tiempo. Otro asunto es cómo se expresa esa vivencia que forma parte de la condición humana. La literatura, no obstante, no es la única de entre las artes que centra su atención en el paso del tiempo: existen numerosas obras pictóricas que abundan en el mismo tema.

domingo, 10 de agosto de 2014

Poema del mes. Agosto: Eloy Sánchez Rosillo

Vuelvo una y otra vez a la poesía de Eloy Sánchez Rosillo. Definitivamente, es uno de mis poetas más queridos. En cada relectura descubro nuevos sentidos, imágenes, textos bellísimos que apuntan como flechas certeras al corazón de la vida, textos que a veces me reconcilian con el mundo o que, regalos valiosísimos, me brindan nuevas perspectivas sobre el oficio de vivir.

Otras veces, lo que sus versos me dan es la posibilidad de descubrir lo que ama este poeta, las cosas que le gustan, sus recuerdos más queridos, lo que le inspira o despierta su nostalgia... ¡Tantas cosas!  Eloy Sánchez Rosillo ama el verano, la luz, el calor, los árboles, las aves y… la luna llena.

Hay en su obra continuas referencias a la luna, vista siempre como un ser amable y benéfico que derrama sobre el mundo su hermosa luz. Precisamente en el libro Oír la luz, podemos leer este bonito poema que transcribo a continuación en esta noche de luna llena.

LUNA DE AGOSTO

Es tanta la belleza de la vida
que no disminuiría para mí su hermosura
si de pronto faltaran de la faz de la tierra
algunas de las cosas que más amo.

Pero qué triste un mundo en el que no
pudiera yo mirar la luna llena
sobre el mar del verano.

miércoles, 1 de enero de 2014

Poema del mes. Enero: Octavio Paz

Al leer este bonito poema de Octavio Paz, perteneciente al libro Árbol adentro (1988) he sentido que no podía dejar pasar la ocasión de incluirlo en mi blog como poema del mes de enero. Además, por su título, Primero de enero, le corresponde por derecho la primera entrada del nuevo año.

El poeta recoge en este texto esa sensación que nos embarga a todos ante el nuevo año: la de que todo está por hacer. La esperanza de algo mejor que lo pasado florece en nuestros corazones. Ante nosotros se abre un camino virgen a través del cual, presagiamos, podremos realizar un sueño, inventar un nuevo proyecto, alcanzar lo deseado…

PRIMERO DE ENERO

Las puertas del año se abren,
como las del lenguaje,
hacia lo desconocido.
Anoche me dijiste:
mañana
habrá que trazar unos signos,
dibujar un paisaje, tejer una trama
sobre la doble página
del papel y del día.
Mañana habrá que inventar,
de nuevo,
la realidad de este mundo.

Ya tarde abrí los ojos.
Por el segundo de un segundo
sentí lo que el azteca,
acechando
desde el peñón del promontorio,
por las rendijas de los horizontes,
el incierto regreso del tiempo.

No, el año había regresado.
Llenaba todo el cuarto
y casi lo palpaban mis miradas.
El tiempo, sin nuestra ayuda,
había puesto,
en un orden idéntico al de ayer,
casas en la calle vacía,
nieve sobre las casas,
silencio sobre la nieve.

Tú estabas a mi lado,
aún dormida.
El día te había inventado
pero tú no aceptabas todavía
tu invención en este día.
Quizá tampoco la mía.
Tú estabas en otro día.

Estabas a mi lado
y yo te veía, como nieve,
dormida entre las apariencias.
El tiempo sin nuestra ayuda,
inventa casas, calles, árboles,
mujeres dormidas.

Cuando abras los ojos
caminaremos, de nuevo,
entre las horas y sus invenciones
y al demorarnos en las apariencias
daremos fe del tiempo y sus conjugaciones.
Abriremos las puertas de este día,
entraremos en lo desconocido.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Poema del mes. Septiembre: Pablo Neruda

En el precioso libro Navegaciones y regresos (1959) he hallado un poema dedicado al mes de septiembre: Oda a las alas de septiembre. ¿Qué tiene de especial? Pues que para quienes vivimos en el hemisferio norte septiembre es la antesala del otoño. Resume el dorado final del verano y anticipa con sus nubes cargadas de lluvia, con sus atardeceres suaves, el otoño que se prolongará hasta el solsticio de invierno. En cambio, para quienes viven en el hemisferio sur ocurre todo lo contrario: septiembre marca la entrada de la primavera.

Pablo Neruda canta en este poema a estas primaverales criaturas aladas que son las bellas golondrinas. Como siempre, nuestro querido poeta, convierte la metáfora en luz que ilumina aspectos peculiares de los seres. La metáfora dota a las golondrinas de una nueva y poética entidad y nos recuerda que la poesía es también una forma de conocimiento.

ODA A LAS ALAS DE SEPTIEMBRE

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.

Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor del sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.

En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.

Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.

Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré la acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.

Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre. 


lunes, 15 de julio de 2013

Poema del mes. Julio: José Zorrilla


En julio el calor aprieta ya de verdad. Es cierto que depende de dónde uno resida. No es lo mismo el calor de las zonas del Mediterráneo que el calor más suave de las costas cantábricas, por ejemplo, o el ardor terrible, de horno, que se da en el interior de la península. Sea como sea, del calor no nos libramos. Y el mes de agosto suele ser aún peor.

José Zorrilla (1817 –1893), poeta del Romanticismo español, célebre por su drama Don Juan Tenorio, refleja vivamente en su poema La siesta esa sensación de calma chicha sofocante que se da en el mes de julio. El calor lo paraliza todo. Solo la quietud hace soportable el sol que cae a plomo sobre la tierra y los seres vivos.

Personalmente, lo que más me gusta de este poema es la descripción del ambiente tórrido de las primeras horas de la tarde. La segunda parte del poema contrasta con la primera, pues el poeta no siente el calor debido a que su amada Rosa duerme junto a él en el bosque. Su sola presencia, acostada sobre la hierba, propicia el “locus amoenus” fresco y sombrío que aligera y libera del calor.

Disfrutad del poema, ¡pero a la sombrita!


LA SIESTA

Son las tres de la tarde, julio, Castilla.
El sol no alumbra, que arde, ciega, no brilla.
La luz es una llama que abrasa el cielo,
ni una brisa una rama mueve en el suelo.
Desde el hombre a la mosca todo se enerva,
la culebra se enrosca bajo la yerba,
la perdiz por la siembra suelta no corre,
y el cigüeño a la hembra deja en la torre.
Ni el topo, de galbana, se asoma a su hoyo
ni el mosco pez se afana contra el arroyo
ni hoza la comadreja por la montaña
ni labra miel la abeja ni hila la araña.
La agua el aire no arruga, la mies no ondea,
ni las flores la oruga torpe babea,
todo al fuego se agosta del seco estío,
duerme hasta la langosta sobre el plantío.
Sólo yo velo y gozo fresco y sereno,
sólo yo de alborozo me siento lleno,
porque mi Rosa, 
reclinada en mi seno,
duerme y reposa.

Voraz la tierra tuesta el sol del estío,
mas el bosque nos presta su toldo umbrío.
Donde Rosa se acuesta brota el rocío,
susurra la floresta, murmura el río.
¡Duerme en calma tu siesta, dulce bien mío!

¡Duerme entretanto
que yo te velo, duerme,
que yo te canto!

lunes, 4 de marzo de 2013

Poema del mes. Marzo: Eloy Sánchez Rosillo


Llegó marzo, y con él pronto tendremos la primavera, el lento e imparable renacer de todo cuanto duerme el sueño invernal. El poeta Eloy Sánchez Rosillo ama, sin duda, la primavera. En su obra  Sueño del origen dedica dos poemas al mes de marzo. En Pensando en marzo, expresa  la terrible añoranza del mes que lleva en sí las alegres y hermosas promesas primaverales, cuando aún queda tan lejos,  que parece imposible que vaya a producirse el milagro. El segundo poema, Entra marzo, brevísimo, es la alegría, la felicidad pura por ese milagro de la naturaleza que cada año acude fiel a su cita.

Son dos bonitos poemas para recibir este mes a partir del cual el frío nos irá abandonando lenta pero definitivamente. 

PENSANDO EN MARZO

En su momento, marzo volverá,
según los calendarios nos indican.
Y no es que piense yo que no sea cierto
que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo,
cuánto lo echo de menos esta tarde
de mediados de enero. Se diría
 fábula en la memoria e ilusión
de todo el bien posible. Uno no ignora
que existe el sol, que hay pájaros, abejas,
tardes que paulatinas van creciendo,
rosas, cielos azules y muchachas
de ojos irresistibles y de andares
muy peligrosos para los que miran
sin tomar precauciones. Pero es
misterio que confluya todo eso
-y tan intensamente, y tan de golpe-
en un punto del año, que se junte
y se funda en seguida en una cosa
que es más que cada cosa y es milagro
hecho ante nuestro asombro. Sí, parece
que marzo ha de volver, y así lo dicen
los almanaques, la experiencia y quienes
saben del mundo y de sus movimientos,
de estaciones, de ciclos. Aunque yo,
desde este exilio que es su ausencia, desde
el corazón del intratable invierno,
lo echo de menos mucho, y lo recuerda
con desconsuelo mi penuria de hoy
como leyenda y como paraíso,
sueño hermoso que tuve igual que un don
perdido para siempre, para siempre.


ENTRA MARZO

No me cabe en el cuerpo la alegría
De que por fin haya llegado marzo.
No sé qué hacer con ella; sobra tanta
que hay para dar y repartir. Acaso
la desmenuce en migas de pan tierno
y se la eche a los pájaros.

jueves, 7 de febrero de 2013

Poema del mes. Febrero: Vicente Aleixandre


Estos días ventosos y fríos  del mes de febrero no animan mucho a salir de casa. Apetece quedarse leyendo, aprovechado los rayos de sol que animan la mañana , o sentirse abrigada mientras en la calle brama un viento que arranca ramas y tumba árboles añosos. Estaba releyendo a Vicente Aleixandre. Sus libros Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935) contienen bellísimos poemas. Entre ellos destaco hoy dos: Corazón negro y Eterno secreto. Me han emocionado por su lirismo y por su apasionada intensidad. Estos poemas pertenecen a La destrucción o el amor.

El sentimiento y la pasión recorren sus versos. El ritmo de las frases -construidas con una sintaxis precisa en la palabra y en la puntuación-, tensado por la emoción, alcanza certero el corazón del lector.

La pena sorda y lacerante que expresa Corazón negro nos llega a través de imágenes poderosas y vivas, muy visuales, cargadas de simbolismo. Ambos poemas tratan del amor perdido, de un amor roto que deja al amante dolorido y solitario, añorando la calidez y la vitalidad que yacen muertas en su recuerdo.

CORAZÓN NEGRO

Corazón negro.
Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.

Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.

¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos.
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!


 

ETERNO SECRETO

La celeste marca del amor en un campo desierto
donde hace unos minutos lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas manos han retenido.

Espera, espera siempre.
Todavía llevas
el radiante temblor de una piel íntima,
de unas celestes manos mensajeras
que al cabo te enviaron para que te reflejases en el corazón vivo,
en ese oscuro hueco sin latido
del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad sin lengua.

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,
la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,
se refugia en el pecho de ese cartón besado,
besado por la luna que pasa sin sonido,
como un largo vestido o un perfume invisible.

Ay tú, corazón que no tiene forma de corazón;
caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras duerme,
mientras el color verde de los árboles próximos
se estira como ramas enlazándose sordas.

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de cristal!
Que a las almas darías apariencia de besos;
en un bosque de palmas, de palomas dobladas,
de picos que se traman como las piedras inmóviles.

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:
ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,
que musitas la dura cerrazón de los cielos,
mientras mientes un agua que parece la sangre!

sábado, 5 de enero de 2013

Poema del mes. Enero: Pablo Neruda


El mes de enero es la puerta del año. Nos invita a la esperanza de algo mejor.  En el paso de un año a otro hay siempre algo que muere para que lo nuevo pueda nacer. Es el poder de los ciclos de la naturaleza que el ser humano lleva incorporados en sus esquemas mentales, aunque a veces nos cueste reconocerlo, tan distintos llegamos a sentirnos del mundo natural,  como si fuéramos algo aparte de la naturaleza.

Creo que este bonito poema de Pablo Neruda, perteneciente al libro Estravagario (1958), está en perfecta sintonía con esa relación profunda entre el ser humano y la naturaleza. Me gusta especialmente la  breve evocación del invierno y la imagen quede sí mismo nos ofrece, sumido en  el recogimiento y el silencio que incuban una explosión de vida.


PIDO SILENCIO

AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Poema del mes. Diciembre: José Agustín Goystisolo


Durante el mes de diciembre el ángel se convierte en una figura navideña debido a su papel de mensajero que anunció a los pastores el nacimiento de Jesús en Belén. El resto del año ese entrañable personaje se retira a la esfera de lo privado, pero no por eso abandona su intensa y polifacética actividad. Acompañar al ser humano es su principal función y de ahí se derivan muchas otras. El poeta Rafael Alberti conocía bien a estos seres celestiales  y  dio cumplida cuenta de su variedad y de sus complicadas tareas en su bellísima obra Sobre los ángeles.

Sócrates, por su parte, se refirió alguna vez a su daimon, ese ser interior que todos llevamos dentro, esa voz interna que nunca miente, que nos avisa antes de un mal paso y que nos habla con claridad meridiana siempre que estemos dispuestos a escucharle.


Hoy me encontrado con un bonito poema de José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), perteneciente al libro El ángel verde y otros poemas encontrados (1993).

EL ÁNGEL VERDE

El ángel era extraordinario
y tenía las plumas verdes.
Se sentó junto a mí en un banco
del Turó Park. No dijo nada
pero sopló sobre mi frente.
 Yo creí que era un ser alado
que se ocupaba solamente
de vigilar el colorido
de los olmos y los laureles.
¿Quién eres? Dije ¿un ángel puro?
¿Te pintó Rafael Alberti?
Una sombra se acercó al punto:
 era el guarda. ¿Qué le sucede?
A mí nada. ¿Por qué lo dice?
Porque habla solo. No, señor:
yo preguntaba al ángel éste.
Mejor se vuelva usted a la casa
la insolación es mala siempre.
Me levanté y salí del parque.
Conmigo vive el ángel verde.

Poema ligero, con un punto de ironía y humor, que nos presenta un ángel fuera de lo común por el color de sus plumas. Pero es un ángel de la vida, pues le sopla al poeta sobre la frente. El soplo o aliento es un elemento simbólico con el sentido de un principio de vida. El alma, por otra parte, es concebida a veces como un soplo, que, por supuesto, siempre es vital.  

Las alas y las plumas, propias de las criaturas del aire, son el atributo de muchos seres espirituales. El simbolismo de las alas, de las plumas y del vuelo hace referencia a la noción de ligereza espiritual y elevación de la tierra al cielo. El diccionario de los símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant dice así: “En la tradición cristiana las alas significan el movimiento aéreo, ligero y simbolizan el pneuma, el espíritu. En la Biblia son un símbolo constante de la espiritualidad o de la espiritualización , de los seres que están provistos de ellas. […] Poseer alas es pues dejar lo terrenal para acceder a lo celestial.

El verde, el color de los árboles y de las plantas, es un color de rico y amplio simbolismo,  tranquilizador y refrescante, que cada primavera reaparece en la naturaleza después del sueño del invierno. Es también el color de la esperanza, de la fuerza, de la longevidad y de la inmortalidad.

El ángel verde del poema de José A. Goytisolo, en mi opinión, es el símbolo de la vida y de la verdad interior. En este sentido, el final me parece claro: “Conmigo vive el ángel verde”, pues el ángel, como el daimon socrático no es sino el yo interior, espiritual y secreto, de cada persona, en este caso del poeta. 

Es, creo yo, esa vida interior que jamás puede sernos arrebatada, pues es parte de nosotros. Lo que pasa a veces es que nosotros mismos no dejamos respirar al ángel verde que habita en nuestro corazón, e incluso llegamos a tenerlo tan marginado y silenciado, que el pobre está a punto de marchitarse y morir, como una planta que no ve la luz.