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sábado, 13 de junio de 2015

Emili Teixidor: La lectura i la vida

He leído y releído este precioso ensayo del escritor catalán Emili Teixidor, publicado en 2007. Lleva el subtítulo de “Com incitar els nens i els adolescents a la lectura: una guía per a pares i mestres”, pero en realidad es la expresión del fervor por la buena literatura y un apunte verdaderamente interesante acerca de cómo incitar a lectura a los niños y jóvenes. Lo descubrí en la Biblioteca Pública de Maó en una sección temporal dedicada a libros que tratan de libros.

La lectura i la vida consta de diez capítulos que fueron publicados de forma independiente o fueron en su momento conferencias del autor en diversos lugares. Estos textos tienen un tema común: la importancia de guiar adecuadamente a los jóvenes lectores hacia la lectura de los clásicos, de la buena literatura, de los libros bien escrito. ”Adecuadamente” significa sin imposiciones academicistas o políticamente correctas, lo que acaba ahuyentando de forma lamentable a los potenciales lectores.

En este sentido, Emili Teixidor nos hace muchas y muy interesantes propuestas, de fácil aplicación por parte de los profesores y de los padres. A mí me pilla un poco tarde, pues mis hijos son  muy mayores y como profesora me queda ya bien poquito, aunque sin duda algo aprovecharé. Pero no importa, porque este libro es un verdadero tesoro de reflexiones sobre el valor de los clásicos y de la estrecha relación entre la lectura y la vida, además de comentarios sugerentes sobre autores y obras.

Todo amante de la literatura disfrutará con este libro, aunque no sea padre ni profesor. Es además una obra que requiere relecturas, no por difícil o complicada, sino porque tira del lector que lo ha saboreado una vez para decirle algo nuevo en cada ocasión o para mostrarle detalles, frases o temas que de entrada pasaron tal vez desapercibidos.

Emili Teixidor cierra su libro con un capítulo  extra titulado “La “biblioteca ideal””, en el cual nos ofrece una relación de 70 obras elegidas por cien críticos convocados por la Fundación Gemán Sánchez Ruipérez en Madrid. Son libros destinados a niños y jóvenes, pero no solo a ellos, sino también al  lector de mente y gustos abiertos. La buena literatura, como el amor, no tiene edad.


lunes, 26 de marzo de 2012

El encanto del libro usado

La semana pasada me fui a una de las tiendas de Cáritas. Ya sabéis que en ellas se vende lo que la gente deposita porque le sobra o porque desea cambiar. Buscando un poco pueden encontrarse algunos tesoros: muebles, ropa y todo tipo de objetos, que a muy buen precio y con un poco de imaginación, vuelven a lucir y a tener una segunda o una enésima vida. Esta vez me fui al departamento de libros. ¡Allí hay de todo! Y precisamente por eso me topé con tres obras que me apeteció leer nada más verlas.
Al precio de 1€ cada uno, me llevé Relatos de los mares del sur, de Jack London, Pantaleón y las visitadoras,  de Vargas Llosa, en la segunda edición de Seix Barral, de 1973, y una obra de Soledad Puértolas titulada Con mi madre. ¿Qué decir de la relación calidad-precio? En total, por tres obras literarias que merecen la pena, tres euros.
En otra ocasión, hace unos dos años, en otra tienda de Cáritas,  compré dos libros que fueron un hallazgo. No recuerdo el precio, pero sí que eran baratísimos: Vidas de grandes artistas, de Giorgio Vasari, editado por Aguilar en la Colección Crisol (1964), y Robinson Crusoe de Daniel Defoe, también de la editorial Aguilar (1976). Dos pequeños libros con una encuadernación preciosa, que coloqué en un lugar especial con otros libros antiguos.
La adquisición de libros de segunda mano fuera de las librerías de Internet tiene su encanto. Puedes tocarlos, hojearlos, apreciar la belleza de la encuadernación o de las ilustraciones. Incluso pequeñas manchas o desperfectos que revelan el paso del tiempo dotan al libro de una extraña magia  de la que carecen los nuevos.
Antiguamente había en Mahón tiendas donde se intercambiaban libros y tebeos y se vendían libros de segunda mano. Hace mucho que desaparecieron. Lo único que nos queda son las tiendas de Cáritas, donde a precios irrisorios de puro simbólicos pueden adquirirse todo tipo de novelas y algún libro un poco especial, si la suerte acompaña. Todo depende de los gustos del posible lector. Lo que a unos cansa o aburre puede interesar a otros. Cada libro tiene su momento y su lector. Comprar libros usados es una estupenda opción, pues se le da al libro una segunda oportunidad, se le da vida otra vez cuando su dueño ya lo había relegado al rincón de los trastos inútiles, y además cuesta poco dinero.

Por otra parte, los libros son muy decorativos. Antiguos o modernos, son bellos objetos que decoran cualquier rincón, que dotan a los muebles en que se apoyan de una belleza y un encanto muy especiales. Los libros usados y los libros antiguos transmiten una seria calidez que invita a abrirlos y a sorprenderse con ellos. Los amantes de los libros sucumbimos siempre a la  extraña fascinación que producen. Se trata de algo que va más allá del contenido. Una portada antigua, una ilustración muy de época...  cualquier detalle puede ser valioso para quien ama tanto la lectura y el libro, que "nuevo" no significa "mejor".



domingo, 15 de enero de 2012

Elogio y defensa del club de lectura


Pertenezco al club de lectura de la Biblioteca Pública desde que se creó hace ya cuatro años.  ¡Es de lo más gratificante! Me encanta leer los libros seleccionados para cada curso y sobre todo leerlos pensando en lo que me parece destacable, en las relaciones temáticas que van surgiendo a lo largo de la lectura y que después podremos comentar en la tertulia literaria. Leer para poder comentar hace que me fije más en todo, que lea con ojos más críticos, con una mirada más detenida. Así es posible establecer relaciones y asociaciones de ideas que tal vez en una lectura menos atenta no acudirían a mi mente.
Me parece precioso que cada cual pueda aportar ideas y análisis acerca de la obra leída, pues no se trata de comentarios academicistas, sino de la valoración que hace cada lector desde su perspectiva. De aquí surge una gran riqueza, pues al escuchar el punto de vista de otras personas uno se fija en aspectos en los que no había reparado antes, en enfoques nuevos y diversos.
Algunas veces, la lectura comentada incide sobre hechos o vivencias de los lectores: el contexto, las situaciones, los personajes, algunos fragmentos especialmente expresivos… ¡Es la relación entre la literatura y la vida! Son momentos deliciosos en los que se comparte  algo más que el amor a la lectura a partir precisamente de ese gusto por la literatura. Afloran recuerdos, anécdotas, sensaciones. Es el fruto de todo cuanto puede encerrarse en un libro gracias al poder de la palabra.
Cada año hemos contado con la presencia del Escritor del Año y con la de algún autor invitado para hablarnos de su obra literaria. Es un privilegio poder escucharles y dialogar con ellos. Reír con ellos también.  Son encuentros inolvidables. Además de libros de autores contemporáneos, hemos leído también algunos clásicos de la literatura universal: El Quijote (el curso pasado la primera parte y este la segunda), Los persas, de Esquilo, El jardín de los cerezos, de Chéjov, entre otros. Perderles el miedo a los clásicos es un buen objetivo para un club de lectura. Hay libros que si se han convertido en clásicos es porque hay mucha gente que los ha leído y los ha disfrutado, pues han sabido entablar un diálogo vital con cada lector y por eso perduran.
Participar en un club de lectura no sólo supone la oportunidad de conocer nuevos autores y obras, es también el placer de formar parte de un grupo de personas con un interés común en principio, que luego se transforma en amistad. Se intercambian libros, se comentan novedades, películas, temas de actualidad que a veces tienen relación con lo leído.
Os animo a participar en algún club de lectura, que nadie tema nunca no estar a la altura (de quién sabe qué o quién). No se trata de demostrar que se sabe mucho de literatura o que se tiene mucha cultura, no, se trata de pasarlo bien y de disfrutar leyendo y dialogando sobre los libros. ¡Todos podemos aportar algo y todos podemos aprender de los demás! 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Stefan Sweig (Recordando a don Juan Hernández Mora)

Llevo leyendo a Stefan Sweig desde que tenía 16 años. Don Juan Hernández Mora, mi profesor de Literatura durante mis estudios de Bachillerato, nos animaba a leer de todo, de todo lo bueno, se entiende, mediante una especie de subasta de libros en la clase. Una subasta muy sui generis, en la que nada se compraba y nada se apuntaba, sino que él, desde la tarima, agitaba un libro, que tanto podía ser de Ortega y Gasset, como de Unamuno o de algún importante autor extranjero y decía en voz alta:
-          ¡La tía Tula, de Unamuno!
Cuatro o cinco alumnas saltaban de sus pupitres y corrían hacia don Juan gritando:
-          ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!
Entonces don Juan daba precipitadamente el libro a la primera mano que llegaba hasta él. La alumna se lo llevaba, tan feliz, dispuesta a leerlo y a extraer de él frases con las que elaboraba fichas de conceptos, que a final de curso entregaba a don Juan en una hermosa caja de zapatos llena hasta los topes de cartulinas con las ideas más geniales o peregrinas que podían hallarse en aquellos libros de la biblioteca del instituto. Una peculiar metodología, si la juzgamos según criterios pedagógicos actuales.
No obstante, yo le debo a don Juan Hernández Mora el haber conocido desde mi adolescencia a una serie de autores, entre ellos Stefan Sweig, que además de enseñarme muchas cosas, me hicieron disfrutar de la lectura de una forma apasionada, deseando siempre más. Recuerdo las biografías de María Antonieta y de Fouché, leídas a todas horas como se devora una novela de suspense. A lo largo de los años he ido leyendo diversos libros de Stefan Sweig. He hallado en ellos sin excepción aquella fuerza narrativa, aquella misma capacidad de hacer vivir personajes históricos o ficticios y de atraparme desde las primeras líneas. Cada vez que cae en mis manos una obra de Stefan Sweig acude a mi mente el recuerdo de don Juan y pienso en la suerte que tuve de poder leer y disfrutar con aquellos libros tan apasionantes.

domingo, 15 de mayo de 2011

Literatura en el tiempo

Para empezar, en este domingo ventoso del mes de mayo, no puedo dejar de recordar el concepto de poesía como palabra en el tiempo del que hablaba Antonio Machado. Poesía. Tiempo. Habrá tal vez muchas interpretaciones según viva cada uno la poesía, o más bien la literatura. Para mí, esa palabra en el tiempo es la riqueza que proporciona la lectura y la comprensión profunda de la obra literaria. Según pasan los años, uno puede entender mejor o entender de otra manera más precisa y más rica lo que en un momento dado interesó, pero pronto quedó arrinconado por algo más nuevo.
Hay autores que uno ha leído de joven y sobre los que se vuelve al cabo de los años, de manera más o menos azarosa o bien porque interesan de otra forma por otras razones. Entonces, bajo esta nueva luz, despliegan todo un abanico de significados y vivencias que en su momento no llegaron a aflorar.