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sábado, 26 de diciembre de 2015

"Flores de buganvilia", un poema de Eloy Sánchez Rosillo

 Estoy releyendo los libros de poemas de Eloy Sánchez Rosillo, el poeta con el que me siento más identificada en esta época de mi vida. Siempre me ha gustado. Desde que hace ya algunos años compré la antología poética Confidencias, no he dejado de leerle. En él hallo siempre un poema para cada momento, para cada estado de ánimo y, en cualquier caso, un bello y trabajado lenguaje poético.

No diré ahora nada de los temas que aparecen de forma recurrente, y que constituyen el eje de su poesía. Citaré tan solo el poema “Flores de buganvilia”, que figura en el libro Oír la luz (2008). Me he topado con él y he cortado un ramito de mi enorme trepadora que este invierno que acaba de empezar, después de un otoño con unas temperaturas inusualmente altas, conserva muchas de sus esplendorosas y abundantes flores.

No tienen ya el tamaño propio de la época de mayor floración, pero aún alegran y colorean el jardín. Las flores son pequeñas, como más debilitadas y con la textura propia del delicado papel de seda. La foto de estas flores tardías sobre la portada de los libros de poemas de Eloy Sánchez Rosillo ilustra este bonito poema que expresa el afán por captar la belleza de algo efímero antes de que pase el momento y ya no sea posible recobrarla.


FLORES DE BUGANVILIA

En el jarrón que hay sobre esta mesa
he puesto hace un momento unas ramas con flores
de buganvilia. No me fue posible
resistir el impulso de traerlas conmigo:
colgaban de la tapia de una casa
y al doblar una esquina me asaltaron los ojos.
No son apenas nada, poca cosa,
Pero cuánto acompañan.
                                                El  color
que las flores ostentan es un púrpura vivo,
y aún estando tan frescas, al tocarlas,
tienen un tacto quebradizo y seco.
Parecen mariposas de papel
que se hubieran posado en esas ramas
a descansar un poco.
                                    Por si alzaran
súbitamente el vuelo y luego se marchasen
de mi casa y mi vida para siempre,
las anoto deprisa en mi cuaderno.

El último verso remite a otro del mismo autor  ”y apunto emocionado en mi cuaderno” , del poema “Acerca del jilguero” y, cómo no, a otro verso célebre de Antonio Machado en el poema “A un olmo seco”: “olmo, quiero anotar en mi cartera/ la gracia de tu rama verdecida”. Es el motivo literario del poeta siempre atento a tomar nota de las cosas tocadas instantáneamente por la belleza y la magia, para que la palabra escrita y el verso les permitan perdurar. El poeta se convierte entonces en creador de imágenes que logran detener el tiempo.

domingo, 10 de agosto de 2014

Poema del mes. Agosto: Eloy Sánchez Rosillo

Vuelvo una y otra vez a la poesía de Eloy Sánchez Rosillo. Definitivamente, es uno de mis poetas más queridos. En cada relectura descubro nuevos sentidos, imágenes, textos bellísimos que apuntan como flechas certeras al corazón de la vida, textos que a veces me reconcilian con el mundo o que, regalos valiosísimos, me brindan nuevas perspectivas sobre el oficio de vivir.

Otras veces, lo que sus versos me dan es la posibilidad de descubrir lo que ama este poeta, las cosas que le gustan, sus recuerdos más queridos, lo que le inspira o despierta su nostalgia... ¡Tantas cosas!  Eloy Sánchez Rosillo ama el verano, la luz, el calor, los árboles, las aves y… la luna llena.

Hay en su obra continuas referencias a la luna, vista siempre como un ser amable y benéfico que derrama sobre el mundo su hermosa luz. Precisamente en el libro Oír la luz, podemos leer este bonito poema que transcribo a continuación en esta noche de luna llena.

LUNA DE AGOSTO

Es tanta la belleza de la vida
que no disminuiría para mí su hermosura
si de pronto faltaran de la faz de la tierra
algunas de las cosas que más amo.

Pero qué triste un mundo en el que no
pudiera yo mirar la luna llena
sobre el mar del verano.

lunes, 4 de marzo de 2013

Poema del mes. Marzo: Eloy Sánchez Rosillo


Llegó marzo, y con él pronto tendremos la primavera, el lento e imparable renacer de todo cuanto duerme el sueño invernal. El poeta Eloy Sánchez Rosillo ama, sin duda, la primavera. En su obra  Sueño del origen dedica dos poemas al mes de marzo. En Pensando en marzo, expresa  la terrible añoranza del mes que lleva en sí las alegres y hermosas promesas primaverales, cuando aún queda tan lejos,  que parece imposible que vaya a producirse el milagro. El segundo poema, Entra marzo, brevísimo, es la alegría, la felicidad pura por ese milagro de la naturaleza que cada año acude fiel a su cita.

Son dos bonitos poemas para recibir este mes a partir del cual el frío nos irá abandonando lenta pero definitivamente. 

PENSANDO EN MARZO

En su momento, marzo volverá,
según los calendarios nos indican.
Y no es que piense yo que no sea cierto
que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo,
cuánto lo echo de menos esta tarde
de mediados de enero. Se diría
 fábula en la memoria e ilusión
de todo el bien posible. Uno no ignora
que existe el sol, que hay pájaros, abejas,
tardes que paulatinas van creciendo,
rosas, cielos azules y muchachas
de ojos irresistibles y de andares
muy peligrosos para los que miran
sin tomar precauciones. Pero es
misterio que confluya todo eso
-y tan intensamente, y tan de golpe-
en un punto del año, que se junte
y se funda en seguida en una cosa
que es más que cada cosa y es milagro
hecho ante nuestro asombro. Sí, parece
que marzo ha de volver, y así lo dicen
los almanaques, la experiencia y quienes
saben del mundo y de sus movimientos,
de estaciones, de ciclos. Aunque yo,
desde este exilio que es su ausencia, desde
el corazón del intratable invierno,
lo echo de menos mucho, y lo recuerda
con desconsuelo mi penuria de hoy
como leyenda y como paraíso,
sueño hermoso que tuve igual que un don
perdido para siempre, para siempre.


ENTRA MARZO

No me cabe en el cuerpo la alegría
De que por fin haya llegado marzo.
No sé qué hacer con ella; sobra tanta
que hay para dar y repartir. Acaso
la desmenuce en migas de pan tierno
y se la eche a los pájaros.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Poema del mes. Agosto: Eloy Sánchez Rosillo

Esa luna llena del primero de agosto que hoy podíamos contemplar en el cielo suave del anochecer es esta misma que canta Eloy Sánchez Rosillo en el poema "Luna", que pertenece al libro La certeza (1996-2004).

Qué bonito y qué agradable es sentarse al caer el sol a contemplar el ascenso de la luna en el cielo veraniego, sin nubes, en calma, apagado ya el ardoroso calor del mediodía y de la tarde. Esa luna llena invita a la poesía, sin duda.



Eloy Sánchez Rosillo es un poeta especialmente sensible al encanto de los momentos vividos en conexión con la naturaleza. Las estaciones y los meses del año aparecen frecuentemente en sus poemas ligados indefectiblemente a su experiencia personal y a las reflexiones que surgen al hilo de esos instantes en que la naturaleza entra a formar parte de los recuerdos y de las vivencias del poeta.

LUNA
Luna llena que vas serenamente
haciendo tu camino por el cielo de agosto,
cuánto consuelo al corazón me traes,
qué alivio siento al contemplarte hoy
sobre este mar tan mío.
Me he sentado a mirarte; te estoy viendo
ascender en la noche
y trazar tus efímeros enigmas refulgentes
en las aguas que llegan a la arena
con un leve murmullo.
No hay nada semejante
a tu luz compasiva, esa luz que restaña
tan delicadamente las heridas
inevitables y hondas del vivir.
Con emoción te observo, y voy pensando
que acaso sólo tú logras unir a veces
los distintos momentos de mi vida
con un hilo de plata:
en ti se reconcilian y confluyen
los seres diferentes que en mí se sucedieron,
y el hombre que ahora soy, si tú lo quieres,
encuentra en el amor de tu semblante mágico
al niño que yo era y al muchacho que fui.
Déjame que te cante,
concédeme, señora, que mi voz te celebre
con palabras muy puras,
y no permitas nunca que mis versos traicionen
la verdad que tú eres.
Que tu fulgor me alumbre, que tu piedad me ampare.
y que cuando se acerque la hora final, mis ojos
te busquen y te encuentren, o te recuerden, mientras
va acabándose el tiempo y todo se termina.

sábado, 3 de marzo de 2012

Poema del mes. Marzo. Eloy Sánchez Rosillo

Eloy Sánchez Rosillo es uno de mis poetas preferidos. Este poema que presento hoy me gusta especialmente. Se refiere a esos momentos únicos que hay en la vida de todo ser humano y que suelen conocerse como "la hora de la verdad". Es eso que se siente en el propio centro, algo que no admite dudas, algo a lo que si uno renuncia por cobardía o por miedo a sufrir impedirá mirarse al espejo y reconocerse sin vergüenza.

AVISO DE CAMINANTES

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                               Poco dura
el milagro.
                 Después, si te negaras
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras
podrás comprar la luz que despreciaste.

domingo, 31 de julio de 2011

Jenaro Talens y Eloy Sánchez Rosillo: la luz

Hay dos poetas a los que acudo con frecuencia, porque en ellos encuentro un poema para cada momento y en muchas ocasiones descubro sentido donde alguna vez hallé sólo palabras. Es el encanto y el misterio de la poesía.
Jenaro Talens y Eloy Sánchez Rosillo tienen para mí ese valor: el de la voz conocida con la que te reencuentras a menudo y el de la magia evocadora de la literatura, que sabe sorprenderte y mostrarte la belleza de algo que aún no conocías o en lo que no habías reparado.
La luz es sin duda un tema literario que podríamos rastrear en el tiempo y desentrañar los múltiples significados que posee para los poetas. Genaro Talens y Sánchez Rosillo no son ajenos a esta tradición. En estos poemas que hoy destaco, No hay más tinta que el cuerpo, de Talens, y El manantial, de Sánchez Rosillo, la luz tiene la fuerza de lo que conecta con la fuente del ser y de la vida, y no obstante, la belleza no reside en la idea que da cuerpo a los poemas, sino en el lenguaje, en cómo se dice todo cuanto nos llega desde estas voces.

Que los disfrutéis, amigos, que su lectura sea un placer.
NO HAY MÁS TINTA QUE EL CUERPO (2005)
I
Luz de intemperie, di, ¿cómo contar                        
todo el aroma y el color del tiempo?
¿Quién sabría decir
qué fue el aire de un tiempo?
                                           Las cenizas
con que el lucero del amanecer
se asoma a los tejados
traen un extraño resplandor
y al pie de las espigas de la noche
hay bandadas de pájaros
en el andén roído por la lluvia.
No conocen historias.
Vuelan y no sucede
nada; tan sólo cambia
la luz: esa memoria pálida del mundo.
El verano se anuncia en Grange-Canal.
Avanza lento sobre los raíles
y en él percibo el deterioro
de una repetición que se me escapa.
Hasta la presunción de claridad
vendimia cepas de otro sol. ¿Comprendes?
No es más que el sueño de sobrevivir
en mi pequeño reino del sentido.

II
¿Adónde va la luz cuando se apaga,
humilde flor del pensamiento que
en medio de la abrupta soledad
eres mi incierta compañía?
Sé que la luz existe porque fluye.
Así los años que recuerdo a oscuras.
El sol ignora que lo llamo sol
y, sin embargo, viene
hasta este cuerpo que persiste en mí,
y me da lumbre y ánimo y cobijo
y también algo de calor, sin otra
contrapartida que cesar. No dice
cuánta memoria ha ardido a ras de cielo,
ni en qué naufragio indómito la noche
dio paso a un alba intermitente. Aquí,
donde el fulgor renace cada día,
el viento gime y me saluda. Salve.
La muerte acecha, pero sigo en pie.






 Jenaro Talens (2006) Puntos cardinales. Poesía 1991-2006. Madrid: Cátedra












EL MANANTIAL

Este deseo, esta necesidad
de retornar mil veces
a donde está la luz.
No a donde estuvo y se apagó muy pronto,
sino al lugar radiante del que siempre
sigue y sigue manando.
Respirarla, beberla
cuando a ese sitio nuestros pasos vuelven,
es completar la vida, lo que entonces
apenas fue o no vimos
que en nuestro transcurrir se demorara.
Regresar a ese limpio manantial:
cuánta misericordia inagotable.
Ningún daño se encuentra allí al acecho:
allí el amor no se termina nunca.

 




Eloy Sánchez Rosillo (2008) Oír la luz. Barcelona: Tusquets