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martes, 8 de julio de 2014

Antonina Rodrigo: Mujeres de España. Las silenciadas

Ahora que estoy de vacaciones y tengo un poco más de tiempo, he estado recolocando libros, hojeándolos, mirándolos. Es el placer de reencontrarse con viejos y queridos amigos, como este libro que hoy comentaré brevemente. Hace muchos años que lo tengo. Lo compré en 1989. Lo leí entonces de un tirón y a lo largo de los años he ido releyendo algunos capítulos sueltos según me apetecía o en función de algún asunto que deseara recordar.

Hoy, al tenerlo otra vez en mis manos, he pensado que es una obra que merece que le dedique por lo menos un pequeño comentario a modo de homenaje no solo a la autora, sino también a las diecisiete mujeres españolas de las cuales Antonina Rodrigo traza un esbozo biográfico,  poniendo de relieve su carácter de pioneras, de avanzadas para su época, de luchadoras, de mujeres íntegras y valientes que contribuyeron a construir un ideal de igualdad y de libertad en medio de un clima muchas veces de incomprensión, sobre todo masculina en muchos casos. También tienen su reconocimiento aquellas otras mujeres que, a pesar de su valía y de su inteligencia, aceptaron quedarse en la sombra para que brillaran los hombres a quienes habían unido sus vidas.

La segunda parte del título, Las silenciadas, responde tanto al hecho de que después de la Guerra Civil (1936-1939) unas sufrieron el exilio exterior y otras el interior. Su voz fue silenciada. Incluso después de la muerte de Franco, exceptuando a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, auténtico mito y emblema, la gran mayoría de las protagonistas de este libro, no ocuparon el lugar que merecen en nuestra memoria y en nuestro reconocimiento. Han tenido que ser investigadores e historiadores como Antonina Rodrigo quienes rescataran del olvido estas figuras femeninas.

Antonina Rodrigo (Granada, 1935) publicó Mujeres de España. Las silenciadas en 1978, prologado por la escritora catalana Montserrat Roig. Yo tengo la hermosa y cuidada edición de Círculo de Lectores, que es de 1988. Unas palabras iniciales de la autora, “Para esta nueva edición”, destacan el papel de la memoria como herramienta reivindicativa de “Esas mujeres que un día constituyeron la vanguardia que erosionó convencionalismo y atavismos esterilizadores”.

Pero ¿quiénes fueron estas mujeres silenciadas? Después del espléndido prólogo de Montserrat Roig titulado “La recuperación de la palabra”, capítulo a capítulo, van desfilando ante el lector en este orden Dolores Ibárruri, La Pasionaria, María Goyri, María Blanchard, Victoria Kent, Antonia Mercé, La Argentina, Zenobia Camprubí, Margarita Xirgu, María de Maeztu, Federica Montseny, María Luz Morales, Margarita Nelken, María Teresa León, María Casares, Enriqueta Otero Blanco, Maruja Ruiz, Carmen Conde y Elena Quiroga. Una breve selección de fotografías ilustra los textos y nos ofrece una imagen precisa y definida de cada biografiada.

Diecisiete mujeres muy distintas, de diversa procedencia social, cultural y geográfica. Según Montserrat Roig, “La gran mayoría de esas mujeres han vivido el exilio exterior. El resto ha sido devorado por el canibalismo legal y religioso del franquismo. Nadie como las mujeres que se quedaron en España saben lo que significa el exilio interior. Mujeres doblemente colonizadas, como cuerpo y como mente. Exiliadas en su totalidad. Tratadas como subnormales por la ley franquista, que retrocedió siglos. Devueltas a la pura naturaleza, sublimadas como “madres”, relegadas a la cárcel dorada y sagrada del hogar donde, las más inteligentes o imaginativas, ahogaban suspiros de resentimiento o resignación”.

¿Qué podría decir de cada una en esta reseña que pretende ser breve? Os invito a leer esta obra que no tiene desperdicio, pues aúna el rigor y la documentación con la amenidad. Su carácter divulgativo va unido a una certera selección de datos, hechos y anécdotas, de tal manera que esas diecisiete mujeres dejan una honda impresión en el lector.

 A título de ejemplo, citaré el enfrentamiento que se produjo en el Parlamento en 1931, proclamada ya la Segunda República, entre Victoria Kent, del partido radical-socialista, y Clara Campoamor, del partido radical, en torno al sufragio femenino. El sufragio de la mujer era atacado por el partido radical-socialista, uno de los más progresistas. Victoria Kent se manifestaba contraria a que las mujeres ejercieran este derecho, porque según ella “la mujer había vivido hasta entonces de espaldas a los problemas comunes, relegada a las tareas del hogar, con excepción de un grupo minoritario, intelectual y obrero, y que concederle el voto sin la menor restricción podía constituir un serio peligro para el régimen republicano”. Era precisa una educación previa para contrarrestar el poder que la Iglesia tenía sobre la mujer española  en aquellos años. Clara Campoamor, por el contrario, defendía la posición opuesta: el sufragio femenino era el primer paso para la emancipación de la mujer y su incorporación a la vida política. Como colofón muy ilustrativo de la visión masculina de este debate, Manuel Azaña calificó en sus memorias este enfrentamiento verbal de las dos diputadas de “muy divertido”. ¡Nada menos!

Las mujeres hemos recorrido un largo camino hacia la igualdad. Pero no es todo el camino, esto lo sabemos bien. En el origen están estos diecisiete testimonios, diecisiete ejemplos de valor y de autenticidad. Diecisiete mujeres que merecen ser recordadas y valoradas. La actual posición de las mujeres en la sociedad y en la política española –en la que debe avanzarse muchísimo más- no ha surgido de la nada. La obra de Antonina Rodrigo nos lo recuerda.

domingo, 20 de mayo de 2012

Isak Dinesen: Una biografía en imágenes

Me apetecía mucho comentar este libro que hoy presento, pero al buscar en Internet imágenes de la portada, he descubierto que está descatalogado, así que al hecho de no ser una novedad editorial se le añade el inconveniente de la dificultad para encontrarlo, a no ser en bibliotecas públicas o librerías donde venden libros usados. De modo que he sacado unas fotos para ilustrar esta reseña, aunque no son muy buenas, como veréis.

Ya os dije que no me muevo por novedades editoriales, sino que escribo sobre lo que me gusta y me interesa. Isak Dinesen, pseudónimo de Karen Blixen (1885-1962), me ha seguido interesando desde que la descubrí en 1985 leyendo Cuentos de invierno. A la lectura de esta obra fueron siguiendo muchas otras y además, la biografía escrita por Judith Thurman Isak Dinesen. Vida de una escritora, en la que se basó Sydney Pollack para su película Memorias de África (1985). En 1990 o 1991 adquirí esta biografía en imágenes de Frans Lasson y Clara Selborn, que hojeo y releo con cierta frecuencia, pues Karen Blixen es una de las escritoras que más huella han dejado en mí, tanto por su obra literaria, como por su vida. He sentido siempre por ella una gran admiración. Fue un ser humano tan lleno de coraje ante la vida y ante la adversidad, que para mí constituye un ejemplo de persona que aún en lo peor sabe encontrar en su interior recursos que la salvan y le permiten seguir viviendo y evolucionar dando lo mejor de sí misma. En cuanto a su obra, la encuentro maravillosa y original. Ya encontraré el momento para escribir algún comentario.

Isak Dinesen: Una biografía en imágenes se publicó en 1987, en pleno fervor literario y cinematográfico por esta autora. Es preciso reconocer que la película Memorias de África contribuyó a la divulgación de la vida y la obra de Karen Blixen, hasta el punto que su libro Out of Africa, publicado por Alfaguara inicialmente con el título de Lejos de África, acabó titulándose en ediciones posteriores Memorias de África. Supongo que eso ayudó mucho a que se vendieran más ejemplares.

El libro de Frans Lasson y Clara Selborn, que fue secretaria de la escritora, va encabezado con una cita de Karen Blixen, fechada en Rungstedlund, en septiembre de 1961: “Debemos aprovechar la vida mientras tenemos poder sobre ella, para que no se cierre cuando nos salimos de ella, sin dejar huella.” Dos breves prólogos y una introducción de Frans Lasson contextualizan la obra y a continuación, aparecen las fotografías comentadas por riguroso orden cronológico, a veces con textos y documentos que explican o aclaran todo cuanto es preciso para una adecuada comprensión de la vida de Karen Blixen.

No hay un índice de contenidos que divida en etapas la vida de la escritora, sino que después de presentar a sus antepasados, siguen la infancia, adolescencia, juventud y madurez de forma continuada hasta su muerte,  y la fotografía de su tumba, finalmente. Se presenta, pues, la vida de Karen Blixen como una unidad, como si fuera un álbum de fotos acompañado de comentarios explicativos. Aparte de Karen Blixen y sus familiares más directos, aparecen en este libro fotografías de personas relevantes en su vida, casas, objetos, documentos y los escenarios principales de su vida, entre ellos África y su casa de Rungstedlund (Dinamarca).

Isak Dinesen: Una biografía en imágenes es un indispensable complemento para la lectura de otras biografías de esta autora. En cualquier caso, es ya una buena y bien documentada biografía que se apoya en la imagen, y por esa razón nos aporta muchísima información adicional sobre Karen Blixen y su mundo. Frans Lasson en el párrafo final de la introducción nos dice:

“Ojalá este libro, junto con los suyos propios, contribuya a mantener abierta la puerta que da al mundo de Karen Blixen, un mundo que no se parece al de ninguna otra persona.”

En 2004 tuve ocasión de viajar a Dinamarca. Uno de mis objetivos era visitar la casa-museo de Karen Blixen en Rungsted, y así lo hice. Recuerdo esta visita con cariño. Me sentía emocionada al visitar la casa donde ella vivió y escribió y al recorrer el precioso parque donde está su tumba. Desde Copenhague es fácil llegar a Rungsted. Se toma el tren desde la estación central que está cerca del parque Tívoli. El trayecto no es largo y Rungsted es una bonita y pequeña ciudad costera. La casa de Karen Blixen está frente al mar. Así que aquí os dejo el enlace al Museo Karen Blixen, donde encontraréis estupendas fotografías.




sábado, 17 de marzo de 2012

Paul Auster: Diario de invierno


En Diario de invierno, la última obra de Paul Auster, se funden el hombre y el escritor en un texto magnífico, que tiene la hondura propia de un diario íntimo y la amenidad y la tensión narrativa a las que nos tiene acostumbrados en sus novelas.
Diario de invierno se estructura sin un orden cronológico determinado, pues se van alternando momentos que pertenecen a muy diversas etapas de su vida. Las primeras y las últimas secuencias cierran una estructura circular marcada por la metáfora del invierno y por la conciencia de ser un cuerpo sometido irremisiblemente a los efectos del paso del tiempo. Solo la sensorialidad es garantía y certeza absoluta de vida.
Quizá sea mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir en el interior de este cuerpo desde el primer día que recuerdas estar vivo hasta hoy. Un catálogo de datos sensoriales. Lo que cabría denominar fenomenología de la respiración.”[…]
[…] “Placeres físicos y dolores físicos. Placeres sexuales antes que nada, pero también el placer de la comida y la bebida, el de reposar desnudo en un baño caliente, de rascarse un picor, de estornudar y peerse, de quedarse una hora más en la cama, de volver la cara hacia el sol en una templada tarde a finales de primavera o principios de verano y sentir el calor que se difunde por la piel.”
Nada más abrir el libro se produce el encuentro con la voz narrativa en segunda persona, ese punto de vista que rehúye la excesiva personalización del yo en una especie de desdoblamiento propio del diálogo interior. Y ciertamente es un diálogo del escritor consigo mismo, con ese tú que propicia el acercamiento al lector. En la primera secuencia Paul Auster declara esa pertenencia al común de la gente, ese verse un hombre como los demás:
“Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual, igual que le suceden a cualquier otro.”
A pesar de que el autor titula el libro Diario de invierno, esa obra no pertenece propiamente al género literario del diario íntimo, en el que se recogen pensamientos, hechos, comentarios que reflejan el día a día de una persona en un orden cronológico lineal. Yo lo veo más en la línea de la confesión, género literario que comienza con las Confesiones de San Agustín. Desde entonces hay obras, como la de Paul Auster, que son vidas literarias, pues más que relatarse se recrean gracias a la literatura, de modo que la propia vida del autor entra en el territorio de la ficción narrativa, sin que ello suponga falseamiento o invención.
Sin duda que las 243 páginas de Diario de invierno contienen una rigurosa y meditada selección del enorme cúmulo de hechos y situaciones vividas por su autor a lo largo de sus sesenta y cuatro años de vida. Los recuerdos de su infancia, adolescencia, juventud y madurez, sus padres, el sexo, el amor, sus dos matrimonios, sus dos hijos, sus incontables cambios de domicilio, sus viajes por el mundo, sus amigos, algunos encuentros especiales, sus libros… todo ello desfila por esta obra que se lee como si fuera muchas obras a la vez. Anécdotas y reflexiones van a la par, con el mismo estilo personalísimo de sus novelas, aderezadas de vez en cuando con cosas que ya hemos vivido leyendo sus ficciones, como cuando nos cuenta una película, igual que en El libro de las ilusiones, o cuando nos habla de su perro y nos lleva a recordar la encantadora novela Tombuctú, protagonizada por un perro.
En una obra de carácter autobiográfico quizá sería esperable hallar muchas referencias al oficio de escribir, a la literatura, a las influencias literarias, a las propias obras. Nada de eso. El lector se encuentra con instantes de vida, hechos relevantes desde el punto de vista de la biografía sentimental y familiar del autor. Es como si toda su obra su hubiera nutrido de esos acontecimientos comunes de la vida de cualquier ser humano: ser parte de una familia, el colegio, el deporte, el divorcio de los padres, los amigos, las novias, el sexo, el trabajo… como un hombre cualquiera. Y sobre todo, el amor. La expresión del amor a su segunda esposa, Siri Hustvedt, y lo que ha representado en su vida el hecho de conocerla y estar aún enamorado de ella después de treinta años es uno de los temas que aparece y reaparece en el libro a través de textos muy hermosos. La evocación del pasado lejano o más reciente se va alternando con  reflexiones personales, de manera que el protagonismo recae en el oficio de vivir.
No creo que ningún lector asiduo de Paul Auster pase por alto este nuevo libro, ese inmenso placer que supone leerlo. Quien no conozca todavía a este escritor, puede empezar por aquí. Descubrirá a un gran narrador.

viernes, 10 de febrero de 2012

La cueva de Altamira vista por Rafael Alberti

Me falta tiempo para leer y releer todo lo que me apetece. Suelo leer varios libros a la vez, a diferente ritmo, en función del interés o del apremio o del tiempo que puedo dedicar a la lectura. Ahora estoy leyendo una obra de André Maurois y otra de Montserrat Roig, que posiblemente comentaré más adelante. Pero siempre hay algo más, algo de poesía, páginas, capítulos de libros que por alguna razón he consultado.
Releyendo fragmentos de La arboleda perdida de Rafael Alberti me detuve en  el capítulo 7, donde relata la situación de crisis personal por la que pasó en 1928 y a raíz de la cual fue invitado por José María de Cossío a pasar unos días en una casona que tenía en Tudanca. Desde allí realizaron algunos paseos y excursiones por lugares cercanos. Fueron a Santillana y después visitaron las cuevas de Altamira. Alberti pudo visitar la cueva auténtica, no la reproducción que actualmente se muestra al público a fin de preservar la verdadera e impedir que se estropee en un año lo que se ha conservado durante miles.
Transcribo las impresiones del poeta, frescas, vibrantes, ante la visión de las imágenes que contempló en el interior de la cueva:
De Santillana, creo, salimos en auto para un encuentro emocionante: los bisontes, ciervos y jabalíes de la caverna de Altamira. Lloviznaba. Nos paramos al borde de un camino ante la casucha del encargado de la cueva, que era, por cierto, un cura. Protegidos por su paraguas rojo, atravesamos unos campos sembrados, rasos, sin señales de nada. De pronto, al bajar un declive del terreno, surgió una puertecilla. ¡Quién lo hubiera pensado! Por allí se penetraba al santuario más hermoso de todo el arte español. A oscuras, empezamos a descender hacia el fondo de la tierra. Una luz se encendió, pero seguimos caminando por un pasillo estrecho, más en pendiente cada vez y húmedo. Yo ni me atrevía a respirar, observando las rocas laterales, deseoso de descubrir algún indicio de lo que íbamos a ver. Nada. De repente, unos ocultos reflectores se prendieron. Y, ¡oh maravilla! Estábamos ya en el corazón de la cueva, en la oquedad pintada más asombrosa del mundo. Recostados sobre las grandes piedras del suelo, pudimos abarcar mejor, ya que es baja la bóveda, aquel inmenso fresco de los maestros subterráneos de nuestro cuaternario pictórico. Parecía que las rocas bramaban. Allí, en rojo y negro, amontonados, lustrosos por las filtraciones del agua, estaban los bisontes, enfurecidos o en reposo. Un temblor milenario estremecía la sala. Era como el primer chiquero español, abarrotado de reses bravas pugnando por salir. Ni vaqueros ni mayorales se veían por los muros. Mugían solas, barbadas y terribles bajo aquella oscuridad de siglos. Abandoné la cueva cargado de ángeles, que solté ya en la luz, viéndolos remontarse entre la lluvia, rabiosas las pupilas.

Me gusta releer, saborear fragmentos que adquieren de repente vida, que saltan ante mis ojos, como diciendo: “Aquí estoy, no pases de largo, fíjate bien en lo que digo, que antes pasaste por aquí sin verme.” Y me detengo y entonces creo que vale la pena recordar y divulgar los autores que me gustan a través de sus textos. Si alguien me lee, puede que luego sienta la curiosidad de leer La arboleda perdida, si no conoce la obra, o cualquier otro texto de Rafael Alberti, porque, en definitiva, el placer de leer es el placer de ir de aquí y de allá, de divagar un poco y de perderse y reencontrarse. 

sábado, 24 de septiembre de 2011

Stefan Sweig: Casanova

Los libros antiguos y de pequeño formato siempre despiertan mi curiosidad. Cuando los veo me entran ganas de tocarlos y hojearlos. A veces el nombre del autor y el título escritos en el lomo resultan ilegibles.  Al abrirlos, me encuentro con sorpresas agradables, como si hallara un pequeño tesoro. Eso me ocurrió con el ensayo de Stefan Sweig titulado Casanova, que pertenece a una trilogía titulada Tres poetas de su vida, de 1928. Este pequeño volumen fue publicado por la Editorial Apolo, de Barcelona, en 1951.
No se trata de una biografía en sentido estricto, ni tampoco, a mi entender, de una biografía novelada, pues el acento no recae en los hechos de la vida de Casanova, sino que es un ensayo biográfico,  una visión interpretativa de su personalidad fundamentada en las memorias de este interesante y famoso personaje. En 1928 Stefan Sweig se quejaba de la actuación de la casa editorial F. A. Brockhaus, propietaria del manuscrito original, que hasta la fecha nunca fue publicado en una edición íntegra y fidedigna. Así que los textos que sin duda manejó habían sufrido manipulaciones debidas a la censura. (A día de hoy, la editorial Atalanta ha publicado la edición crítica en español del texto íntegro de Historia de mi vida, de Giacomo Casanova en dos volúmenes. Mauro Armiño, el traductor, ha recibido el Premio Nacional a la mejor traducción 2010)
En Casanova Stefan Sweig  se centra en la psicología del personaje. Se interesa más por cómo es el ser humano que por los hechos concretos y las fechas precisas de los acontecimientos de su vida. Es un análisis psicológico de un hombre que fue ciertamente un aventurero vocacional -no por necesidad como otros contemporáneos suyos-, que vivió intensamente teniendo como metas el placer y la libertad, sin ataduras de ningún tipo, disfrutando con la conquista amorosa, de la seducción, del juego, de la relación social, de la vida, en suma.
A lo largo de nueve capítulos Stefan Sweig va desglosando los variados aspectos del carácter y de la actitud ante la vida de Casanova, hombre adaptable, versátil, atrevido, siempre seguro de sí mismo. Su fama de seductor oscureció muchas veces su amplia cultura, su formación humanística y sus grandes dotes para muchas y muy diversas actividades a las que se dedicó de forma esporádica y circunstancial. Un hombre de gran inteligencia que prefirió no ser nada si no era ser libre. Ser algo suponía siempre ataduras y limitaciones.
“Su inteligencia es pronta y su memoria tan prodigiosa que, después de setenta años, recuerda las fisonomías, lo que ha oído y lo que ha leído. Todo eso le da el rango de casi un sabio, casi un filósofo y casi un caballero.
Sí, pero siempre hay un casi. Y eso es la marca distintiva y característica del talento de Casanova. [..] Como dilettante sabe de todo: sabe artes, sabe ciencias y sabe mucho, más de lo que pudiera creerse; pero siempre le falta un poquitín para ser algo completo, y es que carece de voluntad, de decisión, de paciencia. […] Nunca quiere hacer nada básico. Su naturaleza –naturaleza de actor, de comediante y de jugador- repele todo lo que sea algo serio, y su embriaguez de vida desprecia todo lo que pueda ser útil u honrado. Casanova no quiere ser nada, pues le basta con parecerlo.”
Stefan Sweig nos descubre un maestro en el arte de vivir y en el arte de amar:
“Un ser como él no necesita simular nada, no necesita adornarse ni meditar astucias en el arte de seducir: Casanova no necesita más que dejarse llevar por su deseo, por su pasión y ésta lo hace todo por él. Por eso sería inútil que los jóvenes quisieran aprender de este maestro el secreto de sus éxitos, en vano hojearían el maravilloso ars amandi que son sus Memorias: el arte de seducir no se aprende en los libros, como de nada sirve para convertirse en poeta el leer los mejores poemas. No es dado aprender nada de este maestro, pues no existe ninguna táctica, ningún truco especial de Casanova. Todo su secreto reside en la sinceridad de su deseo y en el modo de reaccionar su naturaleza pasional.”
Ser un Casanova, como ser un don Juan, es sinónimo de ser un seductor, aunque con notables diferencias. Lo que en Casanova es gusto por la mujer, por lo femenino, por el placer, en don Juan es desconfianza y afán por rebajar y destruir a las mujeres.
“Las mujeres que se entregan a Casanova, por el contrario, le recuerdan como a un dios y rememoran con placer su aventura, porque no solamente no han sido destrozados sus sentimientos, no solamente no las ha dañado en su feminidad, sino que ha hecho que se encontraran más a sí mismas. Don Juan enseña a las mujeres a odiar la unión carnal como humillación, envilecimiento, como momento infernal, como caída en el pecado; pero Casanova, como buen magister articum eroticarum, les hace reconocer en el goce sexual el verdadero sentido, el delicioso deber primordial de su naturaleza femenina.”
Casanova es el hombre que vive el presente, que lleva a la práctica absolutamente el carpe diem, pues su esplendor como seductor y aventurero declina con la edad. Para las conquistas amorosas, para la aventura y los viajes se necesita tener salud y fuerza física.  Más allá de los cuarenta años es ya todo decadencia, las mujeres le van abandonando, su presencia en los salones ya no es bien acogida. En su vejez, enfermo, triste y amargado, amparado bajo el cargo de bibliotecario del conde de Waldstein, su protector, sólo revive poniendo por escrito su vida y sus recuerdos.
En esta obrita que a mí me ha parecido amenísima e interesante, Stefan Sweig nos expone con su habitual viveza de estilo, con gran riqueza de apreciaciones y matices el desarrollo, el esplendor y la decadencia de un extraordinario personaje, de un hombre cuya figura no ha hecho sino crecer con el paso del tiempo. Al acabar la lectura comprendemos la razón de tanta fama: era un hombre excepcional y como tal vivió una vida también excepcional. Sus memorias, a juicio de Stefan Sweig,  constituyen una panorámica completísima de la vida en el siglo XVIII. Como biografía,  contienen inexactitudes en  beneficio del autor o de la anécdota, pero como texto literario alcanzan una altura inusual por el valor del texto narrativo y porque Casanova se revela como un escritor auténtico, que se expresa sin tapujos y sin concesiones a la moral.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Cristina Morató: Divas rebeldes


En Divas rebeldes nos encontramos con una serie de nombres archiconocidos. A lo largo de muchos años los lectores asiduos de periódicos y revistas nos fuimos enterando de la vida, de las alegrías y las penas de una serie de mujeres famosas por muy diversas razones, pero sobre todo por el glamour que las caracterizó. Esta es quizá la nota común a todas ellas, pues en todo lo demás fueron bien distintas.
Cristina Morató, periodista y escritora que se ha interesado también por las grandes viajeras y exploradoras de la historia, nos brinda con su libro la ocasión de adentrarnos un poco en las biografías de siete mujeres célebres del siglo XX: María Callas, Coco Chanel, Wallis Simpson, Eva Perón, Barbara Hutton, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy. Como explica la autora en el capítulo final de agradecimientos, fue Eduardo Sánchez Junco quien le propuso escribir para la revista ¡Hola! estas biografías que ahora ha revisado y ampliado. Una amplia bibliografía da fe del trabajo de documentación que Cristina Morató ha llevado a cabo para escribir su libro, ilustrado con fotografías de cada una de las mujeres mencionadas.
Divas rebeldes es una obra muy amena e interesante, escrita en un estilo directo, claro y conciso, muy propio del periodismo. Nos ofrece una visión objetiva y humana de cada personaje, destacando lo más relevante sin emitir juicios de valor tendenciosos. El relato de los hechos biográficos se acompaña en todo momento de multitud de anécdotas y de testimonios que contribuyen a perfilar la personalidad y el temperamento de cada mujer. Así, luchadoras salidas de la nada como María Callas, Coco Chanel o Eva Perón contrastan con otras como Barbara Hutton, que de pequeña era la niña más rica del mundo, o con Jackie Kennedy, nacida en una acomodada familia de la high society neoyorquina.
Lo más interesante, a mi modo de ver, es que en algunos casos la actitud ante la vida de algunas de ellas,  sus ambiciones y objetivos personales  marcan su destino más poderosamente que las circunstancias externas e influyen sobre los acontecimientos históricos. En este sentido, Eva Perón y Wallis Simpson son dos ejemplos de mujeres a quienes su ambición las lleva a unirse a hombres poderosos con quienes pasan a formar parte de la Historia con mayúsculas. En otros, el peso de la infancia o de la familia será determinante y crucial para el desarrollo de la personalidad de mujeres como Maria Callas, Audrey Hepburn o Barbara Hutton, de vidas muy diferentes, pero todas con la huella de una infancia dura y difícil.
La belleza, el encanto, el talento y el glamour no garantizaron a estas siete mujeres una vida fácil ni siempre feliz. La fama y el éxito no fueron de la mano con la felicidad en el amor para Maria Callas, tan enamorada de Aristóteles Onassis, quien la dejó para casarse con Jackie Kennedy después de tenerla como amante durante años y de hacerle sufrir dolorosas humillaciones. O para Barbara Hutton, quien se casó siete veces y nunca conoció un amor de verdad. Jackie Kennedy, por su parte, mujer que alcanzó gran proyección e influencia, que marcó un cambio de estilo en la Casa Blanca, soportó estoicamente, sostenida por un carácter reservado y perfeccionista, las incontables infidelidades de John F. Kennedy.
Dos personajes bien distintos, en mi opinión, destacan en Divas rebeldes por una coherencia que articula su vida de principio a fin: la diseñadora Coco Chanel y la actriz Audrey Hepburn. Su vida, su trabajo, sus proyectos personales, sus amores y desamores, sus grandes logros en la moda y en el cine y su larga y perdurable influencia nacen de una sola y poderosa fuente: la fidelidad a sí mismas.

martes, 16 de agosto de 2011

Oscar Wilde: Dos biografías

El sábado pasado fui a la Fira de Brocanters de Mercadal. Algunos anticuarios tenían también libros a buen precio y adquirí Cuentos, de Oscar Wilde, de la editorial Fama, de Barcelona, por cinco euros. La introducción del traductor Julio Gómez de la Serna está fechada en 1950. Así que ahora tendré ocasión de releer El fantasma de Canterville, El ruiseñor y la rosaEl gigante egoísta.

Luis Antonio de Villena, buen conocedor de la obra de Oscar Wilde, publicó una biografía del escritor irlandés que recomiendo vivamente, pues es una buena introducción para quienes se interesen por la vida y la obra de esta gran figura de la literatura europea. Otra biografía de Wilde sumamente interesante y amena es la de Frank Harris, Vida y confesiones de Oscar Wilde, prologada por Luis Antonio de Villena. Ambas obras son de la editorial Biblioteca Nueva.

Oscar Wilde, his life and confessions se publicó en Nueva York en dos volúmenes, el primero en 1916 y el segundo en 1918.  Ricardo Baeza, traductor de Wilde al español, tradujo esta biografía con prólogo y notas para la editorial Biblioteca Nueva en la primera edición de 1928.

Frank Harris, gran amigo y valedor de Oscar Wilde, traza una semblanza biográfica viva y ágil, con momentos de tensión y recursos propios de una novela, que para nosotros posee el valor de un documento de primera mano. Harris mantuvo una estrecha relación con Wilde y estuvo a su lado en los difíciles momentos del proceso judicial y de la condena por homosexualidad. De la mano de Harris asistimos a la peripecia vital de Oscar Wilde, entramos en su mundo, descubrimos al hombre y al artista y además  penetramos en los entresijos de la mentalidad puritana e hipócrita de la buena sociedad inglesa de finales del siglo XIX.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Romain Rolland: Vida de Tolstói

Me ha gustado esta biografía de León Tolstói escrita por Romain Rolland un año después de la muerte del gran escritor ruso. Tolstói falleció en 1910 y un año después apareció esta biografía que la editorial Acantilado ha publicado en 2010, supongo que con motivo del centenario de la muerte del novelista ruso.

Cien años después de la publicación de la biografía de León Tolstói y con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, es imposible no reflexionar un momento sobre el valor de la información aportada por Rolland sobre el escritor ruso. A través de esta obra accedemos, en mi opinión, al núcleo de la vida interior y motor de la obra del gran novelista.

Vida de Tolstói tiene para mí el valor de un documento cercano, inmediato, un documento de época. Pensemos que faltaban todavía seis años para la Revolución Rusa de 1917, que, aunque podemos entrever la efervescencia social y política que tenía lugar en Rusia durante la vida de León Tolstói, no es ésta el centro de atención de su biógrafo, sino las inquietudes vitales que fueron el hilo conductor de su existencia; que en 1911 su esposa, Sofía Tolstaia, nacida Behrs, vivía aún y seguía escribiendo su diario, del que se ha publicado una selección de textos no hace mucho. El diario que Sofía llevó prácticamente desde su matrimonio con León Tolstói nos ofrece una visión distinta y complementaria de la de Romain Rolland: entramos en un ámbito de intimidad personal, el de Sofía, quien, al compartir su vida con el escritor, proyecta en sus escritos la imagen del hombre de carne y hueso, no sólo del intelectual y novelista. Imagen, eso sí, filtrada por el yo de la autora de los diarios: León Tolstoi según las percepciones y vivencias de Sofía. Los diarios de Sofía, fallecida en 1919, no forman parte de la documentación utilizada por Romain Rolland.

Nada significativo de la intimidad familiar asoma en las páginas de esta biografía, si no es la incomprensión de su esposa e hijos de la que se sintió objeto Tolstói en sus últimos años de vida debido a que sus ideas religiosas y sociales absorbían toda su energía y chocaban con los intereses familiares. La obra de Romain Rolland pone el acento en la batalla que se libraba en el interior del novelista ruso: de un lado el artista, el escritor, su sensibilidad y penetración psicológica en el retrato de personajes masculinos y femeninos (recordemos a Kitty, a Ana Karenina, por ejemplo, o a Iván Ilich); de otro, el hombre preocupado por la religión, la miseria en que vivía buena parte del pueblo ruso, la hipocresía y la falta de conciencia de la burguesía culta rusa.

La imagen que nos deja es la de un hombre profundamente inquieto, inmerso continuamente en cuestiones de índole moral y religiosa, que son rastreadas a lo largo de su extensísima producción literaria, desde sus comienzos hasta su muerte. Como destaca Romain Rolland, no hay división entre vida y obra en la compleja personalidad de León Tolstói:

“No se debería hablar de la unidad de su pensamiento –jamás fue uno solo-, sino de la persistencia de los mismos elementos diversos, ora aliados, ora enemigos; enemigos la mayor parte de las veces. La unidad no reside en el alma o en el corazón de Tolstói, sino en el combate de las pasiones en su fuero interno, en la tragedia de su arte y de su vida.
Arte y vida están unidos. Jamás obra alguna estuvo más íntimamente ligada a la vida: tiene casi todo el tiempo un carácter autobiográfico. Desde la edad de veinticinco años nos ha permitido seguir a Tolstói, paso a paso, en las experiencias contradictorias de su carrera en pos de un ideal.” (pág. 13)

Esta biografía creo que gustará tanto a los lectores de Tolstói, como a los amantes de las biografías de artistas y escritores. Un estilo ágil, ameno, directo y fresco nos conduce a la vez al conocimiento del personaje y de su obra, pues, además de la documentación y de las fuentes de información citadas en las notas al pie de página, Romain Rolland incide de forma precisa sobre los valores literarios a través de citas textuales muy ilustrativas.