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domingo, 31 de enero de 2016

Miguel de Cervantes, IV centenario

Al cumplirse el IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, puesto que el gobierno de España no le dedica la atención debida a través de un programa que ponga de relieve su grandeza como escritor y divulgue su obra y sus valores como merece, creo que los devotos de la literatura podemos a nuestro modo dedicarle nuestro homenaje leyéndole y comentando sus textos que nunca se agotan. Es la forma de reafirmar que está siempre vivo, que después de cuatrocientos años nos sigue interesando, porque, como todos los clásicos, nunca acaba de decir lo que tiene que decir. 

Del Quijote seguramente se ha dicho todo ya. Los estudiosos y los críticos llevan siglos estudiándolo y destacando su valor e importancia. Cualquier calificativo para esta novela sería mera repetición de la infinidad de adjetivos con que se ha intentado caracterizarla y definirla. Resultaría gratuito, redundante y pesado, y además es innecesario. Un lector corriente como yo ¿qué puede hacer sino leer y disfrutar con las peripecias de don Quijote y Sancho y con el texto en sí? A lo sumo, escribir un comentario personal de algún fragmento, sin  otro ánimo que el de destacar un aspecto concreto que  interesa o llama la atención y, de paso, pero no asunto de menor importancia, intentar informarse y profundizar un poco sobre los temas y valores literarios de esta obra que situó a Miguel de Cervantes en la posición que ocupa en las letras universales.

Uno de los fragmentos que me llamaron la atención cuando leí el Quijote por primera vez es aquél en que el personaje, en su primera salida, en el capítulo II, imagina qué dirá sobre él el sabio que en un futuro ponga por escrito sus hazañas. Don Quijote es pura pasión por la literatura. Todo lo vive en clave literaria, de tal modo que no solo se lanza a vivir una vida literaria imitando a sus admirados caballeros andantes, sino que además se ve a sí mismo convertido en héroe literario, en protagonista de una novela como las que le han sorbido el seso.

“Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mesmo y diciendo:
—¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel».
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
—Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina historia! Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras.”

La imitación de los modelos caballerescos por parte de don Quijote no se limita solo a la indumentaria y al deseo de vivir aventuras como las de sus personajes preferidos, sino que él mismo, en su imaginación,  se sitúa en el punto de vista narrativo de un hipotético relator de sus futuras hazañas y en el lenguaje y estilo literario que supuestamente empleará, que no es sino el de los libros de caballerías. Un estilo que es el que el propio don Quijote utilizará para expresarse en la primera parte de la novela siempre que se halle ante alguna aventura o posible hazaña y que contrastará con el registro lingüístico empleado fuera de estas heroicas vivencias.

Madame Bovary padece la misma dolencia: la ilusión por vivir una vida literaria, romántica en su caso. Ella misma, como don Quijote, se erige en artífice de una biografía que sigue un modelo literario, aunque sean otros los valores que la impulsan. En el fondo de ambos late el deseo de una vida distinta, ideal y más satisfactoria y elevada que la que les ha tocado vivir.

Estoy tan marcada por la novela, por el cine, por las canciones, por la poesía, que no puedo dejar de comprender a don Quijote y de sentirme un tanto identificada con él. Quienes vivimos empapados de libros, poemas, letras de canciones e historias de películas, no somos ajenos a este afán. Quiero decir con ello que la pasión por la lectura o por el cine imprime una cierta perspectiva en el enfoque de la propia vida. A veces me pregunto qué tendrán en la mente las personas a quienes no les gusta leer o que no ven películas. Pregunta tonta, ya lo sé, pero me parece  indudable que la afición a la lectura, queramos o no, marca nuestras vidas, llena nuestras mentes en muchos momentos y existen historias que nos gustaría vivir. Incluso podemos plantearnos alguna vez cómo sería nuestra vida narrada, qué se diría de nosotros convertidos en personajes de novela. Como don Quijote.  

domingo, 17 de enero de 2016

Haruki Murakami: Al sur de la frontera, al oeste del sol

He releído esta preciosa novela de Haruki Murakami en su edición catalana, L’amant perillosa. Al sud de la frontera, a l’oest del sol. La leí por primera vez hace poco más de diez años y me encantó, pero fue una lectura rápida, durante un viaje. Al volver sobre ella, la he leído de otra forma, con intención de fijarme más en los personajes, en el argumento y ver dónde reside la poesía que desprende esta obra literaria. No me ha defraudado.

La novela es de 1992. Se trata de un relato autobiográfico en el cual Hajime, el protagonista, evoca su pasado en relación con la historia de amor vivida con una misteriosa mujer que dejó en él una profunda huella. Adopta la forma  de bildungsroman, o novela de formación o de aprendizaje, en la que se narra el desarrollo y la evolución de un personaje. En Al sur de la frontera… las fechas son muy importantes, así como la edad del narrador y de los personajes principales en cada uno de los momentos clave de la historia. Hajime comienza con la fecha de su nacimiento y da una detallada descripción de sus orígenes familiares, de la clase social a la que pertenece por nacimiento, la clase media acomodada japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Al sur de la frontera… es a la vez el relato de la educación sentimental de Hajime, siempre insatisfecho, marcada por dos hechos fundamentales: ser hijo único y compartir esta característica con Shimamoto, su mejor amiga del colegio de primaria, que cojea de la pierna izquierda como secuela de la poliomielitis.

Ya desde el principio, Shimamoto se nos aparece como “la mujer misteriosa”, rasgo que conservará a lo largo de la novela  y que dará tantos quebraderos de cabeza al narrador protagonista:  “Però jo veía en ella alguna cosa càlida i frágil amagada sota la superficie. Una cosa molt semblant a un unen jugant a fet i amagar: oculta en el seu interior però esperant que la trobessin. Era com una ombra que jo entreveía en les seves paraules i en la seva expressió.” Al comenzar la secundaria, Hajime y Shimamoto dejan de relacionarse y cada uno emprende un camino distinto. Este alejamiento será vivido por ellos de forma dolorosa, pues no es una relación cortada voluntariamente, sino fruto de las circunstancias y de los temores de ambos. Muchos años después volverán a encontrarse.

Hajime comparte con Shimamoto su afición por la música, elemento clave y recurrente en la obra. El título de la novela se basa en una canción de Nat King Cole: “En la distancia, Nat King Cole cantava “South of the border”. La cançó parlava de Mèxic, però en aquella época no en tenia ni idea. Les paraules “al sud de la frontera” feien un ressò misterios que em subjugava. Cada vegada que sentia aquella cançò empreguntava què hi devia haver al sud de la frontera.” Toda la música que se menciona, todo lo que escuchan los protagonistas, la que se toca en los bares de Hajime, es occidental, no japonesa. El jazz es su pasión musical. Al sur de la frontera… revela la admiración y la identificación con la cultura occidental en sus formas de vida y del arte.


La novela es un recuerdo y una valoración del pasado hecha desde el presente de Hajime adulto. Es un intento de explicación y de justificación de su situación actual. En el fondo late la búsqueda incesante de un amor que le satisfaga plenamente, del encuentro con la persona especial, búsqueda que le acompaña de forma permanente en las diversas etapas de su vida llevándole hacia relaciones que nunca llegan a cuajar, porque no le satisfacen completamente. Hajime busca siempre algo más en las chicas que conoce, busca en las otras algo de Shimamoto, que es su ideal.

Hajime es un soñador de factura romántica:  “Per a mi, la frontera que separa el món real i el dels somnis sempre ha estat vaga”. La forma en que se siente atraído por cierta clase de mujeres nace de la creencia en el amor como destino ineluctable: “El que m’atreu no é spas una bellesa externa i quantificable, sinó alguna cosa molt més profunda, absoluta. Igual com algunes persones tenen una passió secreta per les tempestes, els terratrèmols o les apagades de llum, a mi m’agrada aquesta cosa indefinible que algunes dones em dirigeixen secretament. A falta d’una paraula millor, diguem-ne “magnetisme”.És una força que estira la gent, que la xucla tant sí com no.”

Es algo que va más allá de lo cotidiano y convencional, una inclinación secreta a la búsqueda de lo absoluto y de lo imposible en la relación amorosa y en el ser de la mujer amada. No puedo evitar sentir el eco de una rima de Bécquer en la que el yo poético descarta a dos mujeres “reales” y se inclina por la amada imposible, por la mujer soñada. Hajime persigue este sueño, el fulgor de esa llama que encendió Shimamoto en su corazón a los doce años.

Relato de una educación sentimental y sexual, novela de reflexión y de toma de conciencia de sí mismo, sobre su carácter, su personalidad, su forma de encarar las circunstancias de la vida y las relaciones humanas, el trabajo y el ocio, Al sur de la frontera… es también un retrato de la vida cotidiana de la clase media acomodada del Japón, que ha asimilado e integrado mucho de la cultura occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De refilón, a través de un personaje secundario, el padre de su esposa Yukiko, se introduce una clara imagen de la conducta corrupta de algunos hombres de negocios japoneses que en connivencia con políticos también corruptos no resulta para nada extraña ni sorprendente, pues aquí en España ya la conocemos sobradamente, así como sus desastrosas consecuencias.

A la edad de treinta años Hajime se casa con Yukiko y su vida toma una senda segura y tranquila: una familia, la propiedad de dos bares elegantes donde se sirven cócteles y se toca diariamente música de jazz, seguridad económica… Esa vida que muchos envidiarían porque es la del que en apariencia lo tiene todo. Y sin embargo Hajime se siente insatifecho. Entonces aparece de nuevo la mujer misteriosa y todo toma un rumbo inesperado.

Aunque Al sur de la frontera... es novela contemporánea al cien por cien, hallamos en ella imágenes y temas literarios clásicos. Uno de ellos es la relación entre el amor y la muerte escondida tras el simbolismo de la segunda frase del título “al oeste del sol”. La amante misteriosa, la mujer  imposible en tanto que ideal, la naturaleza como lugar donde los amantes viven experiencias emocionales fuera de lo ordinario (representado por la ciudad), la pequeña urna funeraria que contiene las cenizas lanzadas al río con la esperanza de que lleguen al mar son otros de estos temas. Es inevitable la relación con el poema de Jorge Manrique que recoge el tópico literario de la vidas humanas como ríos “que van a dar en la mar, que es el morir”. Y no obstante, el simbolismo del mar contiene también la idea de lugar donde nace la vida o donde la vida permanece.

La novela de Murakami es una construcción literaria en la que no falta tampoco el ingrediente de la mujer que hiere al hombre que ama o que la ama, para completar esa imagen del amor de corte romántico.  En este caso, es preciso añadir que la propia Shimamoto cultiva a fondo su misterio. A punto está Hajime de ser devorado por la pasión y el deseo al entregarse a la vivencia de un amor que no puede alcanzar su culminación porque no tiene encaje en la vida real y cotidiana. La pasión amorosa que da vida a Hajime, al tiempo que le consume, no tiene cabida en la vida cómoda, familiar y tranquila. Pertenece al mundo de los sueños.


Al sur de la frontera, al oeste del sol es una novela que invita a la relectura y también al comentario. Su simplicidad, enmascarada bajo un lenguaje claro y directo, no exento de lirismo y emoción, esconde mucho tema y mucho arte. Murakami es un maestro de la narrativa contemporánea japonesa.

sábado, 26 de diciembre de 2015

"Flores de buganvilia", un poema de Eloy Sánchez Rosillo

 Estoy releyendo los libros de poemas de Eloy Sánchez Rosillo, el poeta con el que me siento más identificada en esta época de mi vida. Siempre me ha gustado. Desde que hace ya algunos años compré la antología poética Confidencias, no he dejado de leerle. En él hallo siempre un poema para cada momento, para cada estado de ánimo y, en cualquier caso, un bello y trabajado lenguaje poético.

No diré ahora nada de los temas que aparecen de forma recurrente, y que constituyen el eje de su poesía. Citaré tan solo el poema “Flores de buganvilia”, que figura en el libro Oír la luz (2008). Me he topado con él y he cortado un ramito de mi enorme trepadora que este invierno que acaba de empezar, después de un otoño con unas temperaturas inusualmente altas, conserva muchas de sus esplendorosas y abundantes flores.

No tienen ya el tamaño propio de la época de mayor floración, pero aún alegran y colorean el jardín. Las flores son pequeñas, como más debilitadas y con la textura propia del delicado papel de seda. La foto de estas flores tardías sobre la portada de los libros de poemas de Eloy Sánchez Rosillo ilustra este bonito poema que expresa el afán por captar la belleza de algo efímero antes de que pase el momento y ya no sea posible recobrarla.


FLORES DE BUGANVILIA

En el jarrón que hay sobre esta mesa
he puesto hace un momento unas ramas con flores
de buganvilia. No me fue posible
resistir el impulso de traerlas conmigo:
colgaban de la tapia de una casa
y al doblar una esquina me asaltaron los ojos.
No son apenas nada, poca cosa,
Pero cuánto acompañan.
                                                El  color
que las flores ostentan es un púrpura vivo,
y aún estando tan frescas, al tocarlas,
tienen un tacto quebradizo y seco.
Parecen mariposas de papel
que se hubieran posado en esas ramas
a descansar un poco.
                                    Por si alzaran
súbitamente el vuelo y luego se marchasen
de mi casa y mi vida para siempre,
las anoto deprisa en mi cuaderno.

El último verso remite a otro del mismo autor  ”y apunto emocionado en mi cuaderno” , del poema “Acerca del jilguero” y, cómo no, a otro verso célebre de Antonio Machado en el poema “A un olmo seco”: “olmo, quiero anotar en mi cartera/ la gracia de tu rama verdecida”. Es el motivo literario del poeta siempre atento a tomar nota de las cosas tocadas instantáneamente por la belleza y la magia, para que la palabra escrita y el verso les permitan perdurar. El poeta se convierte entonces en creador de imágenes que logran detener el tiempo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Simbolismo de la granada

Planté un granado en mi jardín hace ya un par de años. Es pequeño aún. Este año ha echado hermosas flores que se han convertido en granadas con una buena apariencia, pero que no han resultado buenos frutos, porque no han madurado bien, o porque yo no lo he sabido cuidar debidamente, que muy bien podría ser.

 Lo cierto es que ahora, en el momento de empezar este invierno que ya veremos si lo será, por las temperaturas tan inusualmente altas que tenemos, sus hojas se han vuelto de un amarillo luminoso. Durante unos días el arbolito desprendía luz al mirarlo y ahora esas hojas van cayendo, dejando sus ramas desnudas y un tapiz entre amarillo y ocre en el suelo. Cuando estaba en plena floración saqué unas fotos de aquellas flores divinas, de un rojo anaranjado intenso que brillaban entre el verdor de las ramas.

Siempre me ilusionó tener un granado, más que para comerme sus deliciosos frutos, para tener este árbol que me recuerda siempre a otro: el granado de mi abuela, que era enorme y producía unas granadas que eran una delicia. ¡Esas sí que maduraban bien! Mi abuela vivía en el campo y, como eran otros tiempos, no tenía electricidad. Lavaba la ropa a mano bajo el granado. Era otra vida, otro mundo muy distinto del de ahora. Todos los granados y todas las granadas llevan en sí la imagen y el recuerdo querido de mi abuela.



Pero, aparte de los recuerdos personales, el granado es importante por el simbolismo atribuido a su fruto,  tan bello en su forma y en su colorido.

"Granada" procede del latín, malum granatum o manzana o fruta con granos. Según el Diccionario de los símbolos, de Jean Chevalier y  Alain Gheerbrant, la granada es un símbolo de la fecundidad que tiene diversas y amplias manifestaciones en distintas culturas. En la Grecia antigua es un atributo de Hera y de Afrodita. Tiene, además, un importante protagonismo en el mito de Perséfone, quien por haberlo comido fue condenada a pasar un tercio del año en los infiernos y los otros dos en el mundo de los vivos por un favor de Zeus. Representa claramente el proceso de la semilla que germina en el seno de la tierra y florece y da su fruto en la superficie.

En Roma el tocado de las novias está hecho con ramas de granado. En Asia y en África encontramos también este mismo simbolismo en diversas leyendas y creencias populares.

En la literatura mística cristiana del siglo XVI, San Juan de la Cruz en el Cántico espiritual (Canciones entre el alma y el Esposo) pone en boca de la Esposa:

Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.          175

  Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.            180

En el comentario dice el propio San Juan de la Cruz acerca del significado del mosto de granada que “Las granadas significa aquí los misterios de Cristo y los juicios de la sabiduría de Dios y las virtudes  y atributos de Dios, que del conocimiento de estos misterios y juicios se  conocen en Dios, que son innumerables” basándose en la forma de la fruta y en la cantidad y disposición de los granos en su interior.

Así tenemos, pues, uno de los innumerables ejemplos de cómo el ser humano atribuye significados simbólicos y metafóricos a los elementos de la naturaleza. Para mí es simplemente la manifestación clara de que en el fondo nos sentimos parte de esta naturaleza y por esta razón la dotamos de significado como hacemos con todo lo que nos rodea y con todo cuanto creamos.

Y volviendo al principio: a ver si el próximo año tengo más suerte o más habilidad en el cuidado de mi granado y la fruta está más rica.


miércoles, 24 de junio de 2015

La mañana de San Juan en el Romancero: La misa de amor

Para la mañana de San Juan,  que es siempre maravillosa y encantadora, copio aquí este delicioso romance viejo, simpático y gracioso, que relata la entrada en la iglesia de una joven bien vestida y de tal belleza que el celebrante de la misa y el cantor se despistan y ya no saben ni lo que dicen al verla. El motivo de la dama de belleza tan deslumbrante que es capaz de alterar la ceremonia religiosa aparece en diversas baladas europeas y entre los romances que se han conservado entre los judíos de Oriente.

LA MISA DE AMOR

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
no aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
decían amor, amor.

Este romance aparece en la obra de Ramón Menéndez Pidal Flor nueva de romances viejos. Existen en España diferentes versiones de este poema, como suele ser propio de los textos literarios de transmisión oral. Algunas no hacen ninguna referencia a la mañana de San Juan, como, por ejemplo, el titulado La bella en misa, recogido en la obra titulada Romancero, de la editorial Crítica, en la edición de Paloma Díaz-Mas, que tiene un comienzo distinto, pues comienza así:

En Sevilla está una ermita   cual dicen de San Simón
Adonde todas las damas    iban a hacer oración:
Allá va la mi señora,     sobre todas la mejor.

Y sigue después igual que en el de la edición de Menéndez Pidal.


¡Que disfrutéis con su lectura!

martes, 23 de junio de 2015

La fiesta de San Juan en Ciutadella vista por Josep Pla

La víspera de San Juan, la noche de San Juan, es la puerta de entrada al verano. Es la noche mágica del triunfo del día sobre la noche, de la luz sobre la oscuridad. Es la noche de fiesta por excelencia en Menorca. La fiesta de San Juan en Ciutadella es el emblema y modelo para cualquiera de las demás fiestas veraniegas de la isla. Fiesta ancestral, tradicional, llena de rituales que se mantienen hoy religiosamente, a pesar de la masificación que se sufre año tras año en la población debido a la celebridad y a la difusión de que es objeto.


Hoy saco a relucir un texto de Josep Pla, autor de una de las primeras guías turísticas de las Islas Baleares –tal vez la primera- que se publicaron durante la posguerra. Se trata del libro Mallorca, Menorca e Ibiza, ilustrado con fotografías de F. Catalá Roca, publicado por Ediciones Destino, Barcelona en 1950 y reeditado en 1962, en la colección Guías de España

Tengamos en cuenta en primer lugar el contexto: la posguerra española; marginación cuando no prohibición del catalán; Josep Pla, autor, según tengo entendido, bien valorado por el régimen franquista. Así, pues, no debe extrañarnos que una obra de estas características, de 633 páginas, encuadernada en tela con sobrecubierta, ampliamente ilustrada con fotografías y unos mapas de las islas absolutamente inverosímiles, maravillosamente naïf, que sin duda debió de tener amplia difusión, se escribiera y publicara en castellano –aun siendo el catalán la lengua de las Baleares- y con el nombre del autor también castellanizado: José Pla.

Reproduzco a continuación el texto de Pla sobre la fiesta de San Juan en Ciutadella, pues describe de forma modélica y precisa la organización, actividades, protocolos y ritos que se mantienen hoy en día tal cual.

“Una de las efemérides anuales más curiosas de Ciudadela encaja perfectamente dentro de su carácter de ciudad tradicional. Me refiero a sus célebres fiestas de San Juan, que se introdujeron, según los historiadores locales, en época muy antigua, y cuyo carácter, al parecer, dimana de las justas y torneos que en los tiempos medievales estaban tan en boga en casi todos los países de Europa. Las fiestas tienen tres momentos: el Diumenge d’es Be, que se celebra el domingo anterior a San Juan; la víspera de dicho día y el de San Juan mismo. Los festejos los hace una cofradía inmemorial: la Junta de Cajeros de la Cofradía de San Juan, en la cual están representados los antiguos estamentos de la ciudad: el caixer senyor, que ha de ser un aristócrata de la nobleza ciudadelana, el caixer fadrí, el caixer menestral, los dos caixers pagesos y el caixer capellà o capellana, representante del clero.

El Día d’es Be es el de la invitación a la fiesta. Se forma una comitiva, precedida por un hombre cubierto con dos pieles, desnudos los pies y brazos, que van señalados con cruces encarnadas, con una especie de visera en la frente, en la que va bordado un Agnus Dei, y llevando a  cuestas un cordero vivo y muy adornado. Le siguen el pregonero, tocando el tamboril y el caramillo, el caixer fadrí, con una bandera con la cruz de Malta, el caixer menestral y los dos caixers pagesos, con dos bandejas de plata, cerrando la marcha el caixer senyor y la capellana, es decir, la aristocarcia y el clero. La comitiva visita las autoridades, propietarios y colonos del término, invitándolos a las fiestas.

A esta comitiva inicial se van sumando en la víspera de San Juan los cavallers, formándose entonces una gran cabalgata con muchos caballos y payeses montados en ellos. En la cabalgata toman parte los mejores caballos del país, ricamente enjaezados, montados por jóvenes y robustos payeses vestidos con calzón corto, una especie de levita y sombrero de puntas. El tocador de caramillo abre la marcha, montado en una borrica. Sigue luego la comitiva de la Junta dels Caixers ya descrita, cerrada por el caixer senyor y la capellana, que es un sacerdote vestido de caballero, pero con vestiduras negras, alzacuello y una capita. En otro tiempo, para que se comprenda la calidad y rudeza de la fiesta, hay que decirlo –era portador de los Santos Óleos. Cuando los ciudadelanos ven pasar la somereta del flabioler y escuchan el instrumento, el júbilo y el alborozo se desbordan por doquier.

La víspera de San Juan llega la cabalgata al Borne ante el inmenso gentío reunido en el lugar. El golpe de vista es magnífico. De pronto se hace un gran silencio, del cual emergen, en un momento determiando, los sones furiosamente metálicos  de una banda de instrumetnos de viento. Por los músculos de los caballos pasa entonces como una corriente eléctrica. De la muchedumbre reunida se levanta una vociferación , un griterío espantoso, frenético. Y entonces los caballos, aun los más alejados de la música y la explosión de gritos, empiezan a moverse, a saltar, a caracolear sobre sí mismos, a levantarse, como centauros, sobre sus patas traseras y en un instante se produce una indescriptible confusión. Los jinetes pueden apenas guardar la línea de la cabalgata, y el espectáculo de ver cuarenta o cincuenta caballos corriendo o saltando desaforadamente por la plaza azuzados por el delirio de la muchedumbre es realmente magnífico.

La cabalgata da en el Borne las tres vueltas que constituyen el caragol, y después se dirige al oratorio llamado Sant Joan de Missa, a pocos quilómetros de la ciudad, donde se cantan completas y se entrega a cada jinete una caña verde. A su regreso a la población, tras las corregudes a sa plaça, repite varias veces es caragol, pero no en el Borne, sino en el punto más céntrico de la ciudad y en los alrededores del convento de las clarisas. Jinetes y caballos penetran en las casas –fan entra- , solicitados por la gente moza que las llena y que hace ane cada caballo un derroche de agilidad, atrevimiento y buen humor.

El día de San Juan transcurre entre repetidos caragols y la missa dels caixers, que se celebra al mediodía en la Catedral, para llegar a la culminación de la fiesta por la tarde en Es Pla o paseo de San Juan.En un estrado levantado exprofeso, preside el Ayuntamiento, y el pueblo todo congregado en el coso y en los miradores escalonados de los huertos que, cual tribunas y graderíos de un anfiteatro, rodean Es Pla, sigue con interés, que se manifiesa con un continuo griterío, la suerte y desarrollo de los diversos juegos. Estos consisten principalmente en córrer s’ensortilla (ensartar con una pica, y llevando el caballo al galope una sortija pendiente ebn medio del coso), córrer carotes (romper a golpes de alcancías o a puñetazos unos escudos de madera con caras g rotescas, corriendo uno al lado del otro el jinete que sostiene el escudo y el que lo golpea), y finalmente, córrer abraçats (abrazarse y besarse dos jinetes sin dejar de galopar). 


Estas hazañas constituyen un digno final de las fiestas de San Juan: el pueblo, tan enraizado con esta festividad, reclama todavía la presencia de los caballeros, en las calles porticadas de la ciudad, para repetir las corregudes y caracolear hasta avanzada la noche”. (páginas 440 a 444)


domingo, 21 de junio de 2015

La Fageda d'en Jordà

Hace dos semanas fui con mi familia y unos amigos a La Fageda d’en Jordà, en el Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa, en la provincia de Girona. Una excursión magnífica por un recorrido fácil y bien indicado. Era un sábado en que el sol de junio caía a plomo y sin embargo anduvimos siempre a la sombra del magnífico hayedo, cuya tranquila belleza elogió el poeta catalán Joan Maragall (1860-1911) en unos versos que recoge una placa conmemorativa junto al monolito que se encuentra en la entrada del parque.

Saps on és la fageda d'en Jordà?
Si vas pels volts d'Olot, amunt del pla,
trobaràs un indret verd i pregon
com mai més n'hagis trobat al món:
un verd com d'aigua endins, pregon i clar;
el verd de la fageda d'en Jordà.
El caminant, quan entra en aquest lloc,
comença a caminar-hi poc a poc;
compta els seus passos en la gran quietud
s'atura, i no sent res, i està perdut.
Li agafa un dolç oblit de tot el món
en el silenci d'aquell lloc pregon,
i no pensa en sortir o hi pensa en va:
és pres de la fageda d'en Jordà,
presoner del silenci i la verdor.
Oh companyia! Oh deslliurant presó!

Al entrar en el hayedo te envuelven el verdor y la paz. El caminante se siente entonces en un espacio mágico donde crecen los helechos y las hiedras trepan firmes por los altos troncos de las hayas. El suelo alfombrado de hojas caídas conforma un bello manto vegetal, protegido en muchas zonas a lo largo del camino para una más eficaz regeneración. El color terroso de las hojas secas contrasta con el verdor matizado y oscuro del musgo que crece fuerte y aterciopelado sobre las piedras volcánicas del camino.


Las raíces de los árboles sobresalen vigorosamente dibujando un suelo lleno de protuberancias y de fantásticas formas retorcidas que parecen tener una vida independiente de los árboles.  Multitud de plantas silvestres crecen en el hayedo, animando el camino con  sorpresas como unas preciosas y tiernas fresas salvajes.¡ De lo más bonito!



Uno cree hallarse en un mundo de cuento, de esos cuentos leídos en la infancia donde en bosques como este puede ocurrir cualquier cosa fuera de lo común. Esas imágenes  prenden en la imaginación de los niños de forma tal que jamás se olvidan y si uno ya de adulto puede disfrutar del privilegio de visitar un espacio natural como este, siente que la magia y la belleza del mundo de la fantasía tienen su razón de ser porque son parte de la realidad.





Aquí está la foto de un plano que se puede conseguir en la entrada del parque, donde se pueden dejar los coches con total comodidad. Además, entre los árboles, cerca de las taquillas y aseos hay una serie de mesas y bancos de picnic en un ambiente fresco y tranquilo de lo más agradable.


Como comentario final, para quien no sea conocedor de la zona, ¡ojo con lo que indica el GPS del coche! Es posible que por su cuenta y riesgo decida que la excursión debe durar un poco más. Pero tampoco pasa nada, pues el paisaje de la zona es divino y merece la pena.