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sábado, 1 de junio de 2013

Jack Kerouac: En la carretera

Como ya dije en una reseña anterior, tenía pendiente la lectura de En la carretera, de Jack Kerouac (1922-1969). Leí la novela antes de ver la película On the Road, que me decepcionó bastante.

En la carretera es un clásico de la literatura norteamericana del siglo XX. Se trata de una novela especial. Hay quienes se refieren a ella como una obra “de culto” por la devoción que ha ido despertando en muchos de sus lectores. Sin duda es esta la razón por la que figura entre las obras más emblemáticas de la literatura contemporánea: su contenido y su forma apuntan  hacia algo intrínsecamente humano e intemporal.

He leído la versión que publicó la Editorial Anagrama en 2009, En la carretera. El rollo mecanografiado original, traducida por Jesús Zulaika. El texto, editado por Howard Cunnell, presenta el contenido del rollo de papel de 36 metros sobre el que Kerouac mecanografió el texto de la novela a un espacio y sin puntos y aparte. La traducción española, basada en la edición de Howard Cunnell, respeta escrupulosamente el texto original excepto en la separación entre la narración y los diálogos, lo que sin duda facilita mucho la lectura.

Jack Kerouac escribió En la carretera en 1951, a los 29 años de edad. Empleó tres semanas en su redacción. En el rollo mecanográfico original figuran los nombres reales de los personajes, incluido el propio autor, cosa que no sucedía en anteriores ediciones, en las que aparecían con nombres ficticios. Se trata, por tanto, de una novela autobiográfica, que recoge los viajes que a través de Estados Unidos realizó Jack Kerouac solo o en compañía de  otras personas, entre ellas su amigo Neal Cassady.

El argumento de la novela es el viaje, no un viaje en concreto, sino el concepto de viaje: lo que supone partir de casa, ligero de equipaje, con escaso dinero y emprender el camino, abierto a lo que este pueda ofrecer. El joven Jack relata  las experiencias  vividas, solo o en compañía,  lo largo de los tres viajes que le llevaron a cruzar los Estados Unidos. Desfilan por ella numerosos personajes con sus nombres reales, al igual que el autor. Destaca entre todos la figura de Neal Cassady, gran amigo de Kerouac. Este personaje curioso, polifacético y versátil, hombre complicado, sin duda, es el contrapunto frecuente de Jack.

Amistad, mujeres, amores, fiesta, bebida, música, trabajo, vagabundeo, contemplación, estilos de vida, paisajes… todo ello filtrado por la mirada joven del narrador protagonista, un hombre que se siente feliz en el camino, en la libertad, en el cambio y en  la novedad continua que el viaje propicia. Más que los personajes o el argumento, lo realmente importante en esta novela es la metáfora que encierra: la vida como camino, imagen poética clásica donde las haya.

¿Cómo no recordar Ítaca, el bello poema de Kavafis?

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

(C. P. Cavafis. Antología poética. Alianza Editorial, Madrid 1999. Edición y traducción, Pedro Bárdenas de la Peña)

Al rollo mecanografiado le falta el final, pero me parece que no importa demasiado. Hacia el final del relato, los jóvenes viajeros emprenden un viaje a México. La ruta seguida a través del país, las peripecias y experiencias vividas, el ambiente… todo tiene aroma de paraíso, de lugar ideal, natural y algo salvaje, tan distinto de Estados Unidos.

Me encantó la novela. Kerouac es un magnífico y ameno narrador que sabe mantener el interés y la tensión, las ganas de seguir leyendo. Su lenguaje sobrio, directo y coloquial posee toda la apariencia de algo no muy elaborado. Nada más lejos de la realidad. Es un lenguaje esencial y preciso, rico en registros y matices. Argumento y estructura se potencian mutuamente. Si la vida es viaje, si lo que importa es el camino, el relato no puede ser otra cosa que un continuo de anécdotas, episodios, planes, reflexiones, encuentros… El final, como el fin de cada vida humana, no es sino un corte, un fundido en negro. Pero En la carretera es literatura, de ahí ese paraíso mexicano donde recalan los jóvenes viajeros para correrse una juerga monumental en la que se lo pasan bomba.

miércoles, 17 de abril de 2013

Soledad Puértolas: Mi amor en vano


Mi amor en vano es una novela intimista, introspectiva, psicológica, protagonizada por los recuerdos, las percepciones, los temores, las inseguridades, pasiones y deseos de los personajes más que por ellos mismos a través de la acción.

El hilo conductor de las historias que se van desgranando es Esteban, un joven con problemas de movilidad debido a un accidente. Esteban, que se ha ido a vivir solo, independizado de su familia, traba conocimiento con dos vecinas, Violeta y Dayana, madre e hija. En el centro de rehabilitación en donde sigue una terapia para recuperarse conoce a Teresa, mujer de la cual se enamora. Estos personajes le llevarán a saber de otros, de sus familias y de su entorno.

La novela se estructura a partir de los encuentros de Esteban con Violeta, Dayana y Teresa. Posteriormente, ya hacia el final de la novela, aparecen otros personajes, Julio y Selina, que tendrán un peso importante en el desarrollo de los acontecimientos.

El hilo conductor de la narración es la historia de Esteban, enmarcada por los encuentros con sus amigas. Este es el instrumento del que se sirve Soledad Puértolas para conceder el protagonismo a la interioridad de los personajes, al relato de sus vidas, al análisis demorado de los recuerdos de los hechos y de las personas que más les han marcado en la vida y a las reflexiones y comentarios que esas evocaciones suscitan en cada uno de ellos.

La belleza y el interés de Mi amor en vano residen en la expresión de la interioridad de cada personaje mediante un lenguaje rico y claro, muy coloquial y a la vez muy matizado, en el sentido de que Soledad Puértolas, a través de las reflexiones de los personajes va desvelando los recovecos y contradicciones de la personalidad de cada uno. El personaje más completo e interesante, en mi opinión, es Dayana, la madre de Violeta. La evocación de su vida de artista de teatro y cantante, su matrimonio con el Piloto, sus amistades y amores dan lugar a que afloren los frutos de tanta experiencia de vida. Dayana es una mujer que ha vivido y ha extraído de ello un  conocimiento de sí misma y de la naturaleza humana.

Ese es en el fondo el mensaje que esta bonita novela me ha comunicado: la riqueza y la complejidad que anidan en el fondo de cada persona. En un momento dado Dayana le dice a Esteban:

“En cuanto te retraes para protegerte, dejas de lado tu primera espontaneidad y queda grabada sobre la piel la señal, el sello del miedo. A partir de ahí es difícil que los otros lleguen a conocerte, porque nunca te muestras por entero, ni siquiera a las personas que más aprecias y las que más confías. No te muestras, el disimulo de ese miedo se convierte en parte de tu identidad.

Con quienes más practicas el disimulo es precisamente con las personas a quienes tienes más cerca, siguió, y así sucede que aquellas personas que podrían conocerte mejor son quienes menos datos han recibido directamente de ti. La mayor parte de tu vida se ha desarrollado entre ellas, pero no te has permitido dar rienda suelta a lo que eres, y un día comprendes que es demasiado tarde, que ni siquiera sabrías hacerlo, ya que con ellas eres de otra manera, ya eres una persona que disimula. Incluso llegas a intuir que esas personas te habrían aceptado y acogido si te hubieras mostrado y que quizás aún estés a tiempo, pero ya no puedes, has pasado demasiado miedo. Te has ido mostrando a trozos, a fragmentos, has enseñado a unos una cosa y a otros otra, la totalidad te asusta. Te gustaría que alguien se encargara de recoger de aquí y de allá todos los pedazos desperdigados y los uniera, casi sin tu ayuda, estando tú absolutamente quieta, porque ya no puedes más, no quieres hacer más.” (pág.100)

Mi amor en vano es una obra polifónica. Diversas voces nos proporcionan un panorama de las facetas que puede presentar cada personaje, nacidas de su interior, alimentadas con ilusiones, deseos y temores.

El amor, como no podía ser de otro modo con un título como Mi amor en vano, tiene una importantísima presencia en la novela. De hecho, todos los personajes, aun los secundarios, llevan la marca del amor. Todos buscan, desean, a veces rechazan un amor, aman o temen el amor. Lo acogen o huyen de él. El telón de fondo son los sueños.

Mi amor en vano me ha gustado mucho. Creo que en esta novela el lector puede hallar lo mejor de Soledad Puértolas. Es una obra en la que uno se reconoce a veces, que hace pensar, que puede llevar a detenernos un rato para hacer un paréntesis en la lectura y mirar hacia adentro por un instante. Su bella prosa es también para saborearla lentamente.

viernes, 12 de abril de 2013

Poesía y cocina: Alfonso Canales y Pablo Neruda

¡Por fin tengo un momento para sentarme y escribir tranquilamente! Debo agradecerlo, entre otras cosas, a que el día es ahora más largo y cunde más, a que es viernes y a que solo por hoy, y quizá el domingo si me lo monto bien, no tengo deberes del cole. Tal vez mi mente estaba limpia de tensiones o ajetreos y por eso he pensado en esos bonitos poemas que recogen temas gastronómicos y elevan al nivel de la poesía platos que ya de por sí son una delicia. Me refiero a los versos de Neruda ensalzando el caldillo de congrio y a los de Alfonso Canales  dedicados al ajoblanco.

Pronto tendremos aquí el calor de verdad, y entonces es más apetecible que nunca una sopa fría, refescante, en la que dulce y salado se potencian mutuamente. A mí me encantan estos contrastes y el ajoblanco, desde que lo probé, es uno de mis platos preferidos en cuanto empieza el calor.

Foto de diariosur.es

El poema de Alfonso Canales (Málaga, 1923-2010), titulado El ajoblanco, nos da la receta con todos los ingredientes y el procedimiento bien claro.

EL AJOBLANCO

Pon veinte almendras mondadas
Y cuatro dientes de ajo,
Añádele el agasao
De unas migas asentadas
De pan de hogaza, empapadas
En agua clara. Mas luego,
Entrégate al dulce juego
De majar, lubrificando
Con óleo virgen. Y cuando
Encuentre la pasta apego,
Pon sal y agua de alcazarra
Y pon vinagre de vino,
Batiendo hasta hacer un fino
Licor que todo lo enlaza.
Al producto dale plaza
En cuenco, a mesa y mantel
-éste de lino, y aquél
de fino barro o madera-
Después añada el que quiera
Dulce uva moscatel.

Lo mismo hace Pablo Neruda en su famosa Oda al caldillo de congrio. De la concisión de Alfonso Canales pasamos a las metáforas y a las hipérboles que insinúan sabores y texturas excelsos.

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

EN el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

Ambas recetas, de estilos  diferentes, son igual de apetitosas y atractivas. Es como para animarse a probar de preparar estos platos y sorprender a la familia y a los amigos con delicias tan poéticas.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Vaticano visto por Boccaccio o la actualidad de un clásico


Que nada nuevo hay bajo el sol se encarga de recordárnoslo la lectura de los clásicos. La renuncia de Joseph Ratzinger al papado, hecho insólito que nadie esperaba y gesto que le honra como persona,  ha destacado más aún, por contraste,  el clima de corrupción económica y humana que domina en el Vaticano. Escandaloso, pero no nuevo, si nos atenemos a uno de los relatos del Decamerón, libro delicioso donde los haya.

Me parece  un buen momento para recordar a Giovanni Boccaccio (1313-1375) y releer  la narración segunda de la primera jornada del Decamerón, en la cual “El judío Abraham, incitado por Giannotto de Civigni, va a la Corte de Roma y, al ver la maldad de los clérigos, vuelve a París y se hace cristiano.”

En este breve cuento, Giannoto de Civigni, mercader de París, se lamentaba de que su amigo Abraham, mercader también, no abriera los ojos,  abandonara la fe judaica se convirtiera al cristianismo. Tanto pudieron su insistencia y su poder de persuasión, que, finalmente, Abraham le dijo:

-Ea, Giannoto, pues a ti te agrada que me haga  cristiano, dispuesto estoy a cumplirlo; y tanto, que quiero primero ir a Roma y ver allí al que tú dices que es vicario de Dios en la tierra, para considerar sus maneras y costumbres y las de los cardenales, sus  hermanos. Y si ellas me parecen tales que yo pueda, entre eso y tus palabras, comprender que vuestra fe es mejor que la mía, según te has ingeniado en demostrarme, haré aquello que te he dicho. Mas, si no fuese así, seguiré judío como hasta ahora.

Oyendo esto Giannotto, sintióse sobremanera apenado y decíase para sí: “He perdido el trabajo que tan óptimamente empleado me parecía, creyendo a éste haber convertido; porque si va a la Corte de Roma y ve la vida depravada e impía de los eclesiásticos, no ya no se hará cristiano, siendo judío, sino que, si cristiano fuese, judío de seguro que se tornaría.

El caso es que Abraham  se da una vueltecita por Roma, conociendo testimonios y viendo con sus propios ojos cómo:

 “del mayor al menor  todos allí pecaban con gran deshonestidad en cosas de lujuria, y no sólo en la natural, sino en la sodomítica, sin freno alguno de remordimiento o vergüenza […] conoció claramente que los que observaba eran universalmente comilones, bebedores, ebrios y más servidores de su vientre, como animales irracionales, y de la lujuria, que de ninguna otra cuestión. Y ahondando más, tan avaros y ansiosos de dinero los vio, que tanto la humana sangre, incluso la cristiana, como las cosas divinas, y lo a los sacrificios y beneficios perteneciente, por dinero vendían y compraban, haciendo mayor mercadería y más ganancias teniendo, que cuanto pudiera encontrarse en París, con ventas de pañerías u otras cosas.”

Cuando el pobre judío hubo visto bastante, regresó a París y comunicó a su amigo Giannoto de Civigni que,  a pesar de la vida de crápulas que llevaban los clérigos, y a pesar de que se dedicaban con todas sus fuerzas a exterminar la religión cristiana, cuando deberían ser sus más ardientes defensores, “vuestra religión aumenta y más lúcida y clara se torna, con razón me parece discernir que el Espíritu Santo es su fundamento y sostén, como más santa y verdadera que otra. Por lo cual […] ahora abiertamente te digo que por nada del mundo dejaré de hacerme cristiano.”

El cuento no tiene desperdicio, pues, a través de la ironía y del fino humor de Giovanni Boccaccio, se pone de manifiesto una  actitud crítica con la falsedad en la que vivían en el siglo XIV los prelados, cardenales y demás clérigos de Roma. Uno de los rasgos del  Renacimiento es precisamente la inquietud de muchos espíritus cultivados y sensibles por lograr una religiosidad más auténtica, una espiritualidad alejada del materialismo y la mentira. Los iluminados, los erasmistas, y , por último, la Reforma protestante serán las consecuencias de la conducta de quienes deberían haber sido un ejemplo y un modelo de religiosidad.

Lo triste de este asunto es que el relato de Boccaccio tiene plena vigencia. La situación vista y descrita por el judío Abraham es más o menos la actual. Pone los pelos de punta conocer los hechos relativos a la pederastia, la codicia, las traiciones, las ansias de poder de algunos hombres de iglesia.

Poema del mes. Marzo: Eloy Sánchez Rosillo


Llegó marzo, y con él pronto tendremos la primavera, el lento e imparable renacer de todo cuanto duerme el sueño invernal. El poeta Eloy Sánchez Rosillo ama, sin duda, la primavera. En su obra  Sueño del origen dedica dos poemas al mes de marzo. En Pensando en marzo, expresa  la terrible añoranza del mes que lleva en sí las alegres y hermosas promesas primaverales, cuando aún queda tan lejos,  que parece imposible que vaya a producirse el milagro. El segundo poema, Entra marzo, brevísimo, es la alegría, la felicidad pura por ese milagro de la naturaleza que cada año acude fiel a su cita.

Son dos bonitos poemas para recibir este mes a partir del cual el frío nos irá abandonando lenta pero definitivamente. 

PENSANDO EN MARZO

En su momento, marzo volverá,
según los calendarios nos indican.
Y no es que piense yo que no sea cierto
que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo,
cuánto lo echo de menos esta tarde
de mediados de enero. Se diría
 fábula en la memoria e ilusión
de todo el bien posible. Uno no ignora
que existe el sol, que hay pájaros, abejas,
tardes que paulatinas van creciendo,
rosas, cielos azules y muchachas
de ojos irresistibles y de andares
muy peligrosos para los que miran
sin tomar precauciones. Pero es
misterio que confluya todo eso
-y tan intensamente, y tan de golpe-
en un punto del año, que se junte
y se funda en seguida en una cosa
que es más que cada cosa y es milagro
hecho ante nuestro asombro. Sí, parece
que marzo ha de volver, y así lo dicen
los almanaques, la experiencia y quienes
saben del mundo y de sus movimientos,
de estaciones, de ciclos. Aunque yo,
desde este exilio que es su ausencia, desde
el corazón del intratable invierno,
lo echo de menos mucho, y lo recuerda
con desconsuelo mi penuria de hoy
como leyenda y como paraíso,
sueño hermoso que tuve igual que un don
perdido para siempre, para siempre.


ENTRA MARZO

No me cabe en el cuerpo la alegría
De que por fin haya llegado marzo.
No sé qué hacer con ella; sobra tanta
que hay para dar y repartir. Acaso
la desmenuce en migas de pan tierno
y se la eche a los pájaros.

sábado, 9 de febrero de 2013

Mario Vargas Llosa: Historia de Mayta


Historia de Mayta, de Mario Vargas Llosa, publicada en 1984, es  un relato inspirado en un hecho real, la insurrección armada que se produjo en la cárcel de Jauja en mayo de 1962, de la que el novelista tuvo noticia estando en París al ver la mención de este hecho en el diario Le Monde. Vargas Llosa sitúa los acontecimientos en 1958 y cambia los nombres de los personajes principales.

Ya me habían dicho que Historia de Mayta fue en su momento una novela muy controvertida, pues la lectura más inmediata que de ella se hizo fue a la luz de las consideraciones sobre la postura política del autor y la visión de la izquierda peruana que se proyecta en esta obra. Tengo entendido que se le ha reprochado el excesivo peso de la ideología del autor y que eso la convierte en una novela mediocre; otro aspecto que se le critica es la forma tan superficial en que Vargas Llosa trata los movimientos de izquierda en Perú. En cuanto a los valores literarios de la obra, se ha criticado, por ejemplo, la poca profundidad de los personajes.

En cualquier caso, me parece a mí, no pueden confundirse lo literario y lo histórico en los juicios de valor sobre una novela. Un texto literario es un espacio de  y para la libertad, y Mario Vargas Llosa es escritor antes que ideólogo. En Historia de Mayta Vargas Llosa parte de un personaje histórico  y de unos hechos que ocurrieron realmente. El argumento tejido en torno a la confusa historia del levantamiento armado de Jauja y a la  no menos ambigua figura de Alejandro Mayta es el pretexto para desarrollar el tema literario de la verdad como algo inalcanzable. Este mismo tema, la imposibilidad de llegar a conocer toda la verdad, fue tratado de una forma similar por Gabriel García Márquez en su novela Crónica de una muerte anunciada (1981), cuyo argumento fue extraído también de un hecho real.

A lo largo de los diez capítulos en que se divide la novela  aparecen distintos puntos de vista narrativos. La perspectiva que actúa a modo de hilo conductor es la del narrador-escritor-investigador, trasunto del propio Vargas Llosa, que va entrevistando a muy diversas personas que en el pasado tuvieron relación con Alejandro Mayta o con los hechos acaecidos en Jauja. Cada uno de los entrevistados aporta su particular visión de los hechos, convirtiéndose en narrador parcial que proyecta luz sobre un aspecto concreto de la historia de Mayta. Los testigos, sin embargo, no desean ser reconocidos, por si acaso. O bien, se curan en salud diciéndole al narrador que si son reconocidos, negarán haber dicho cuanto se ponga en su boca.

“-Si escribe algo, no me mencione para nada –me ruega Doña Josefa Arrisueño-. O, por lo menos, cámbieme el nombre y, sobre todo, la dirección de la casa. Habrán pasado muchos años pero en este país nunca se sabe. Hasta lueguito.”

Vargas Llosa plantea en la novela dos planos argumentales que actúan a modo de estructura: uno, la búsqueda de información fiable sobre la vida y la personalidad de  Alejandro Mayta, el líder socialista, que junto con Vallejos, un joven militar, promovió la insurrección de Jauja; y el otro, la historia personal de Mayta.

La búsqueda de información sobre la verdadera historia de Alejandro Mayta es presentada por el narrador como un proceso de documentación para escribir una novela. En una conversación con la hermana de Vallejos al principio de la novela, introduce ya el tema de la dialéctica entre historia-ficción y verdad-mentira, que recorrerá la novela de principio a fin:

“…Mayta era un revolucionario de la sombra. Se había pasado la vida conspirando y pelegando en grupitos ínfimos como aquel en el que militó. Y, de pronto, cuando se acercaba al a edad en que otros se jubilan de la militancia, apareció alguien que, por primera vez, le abrió las puertas de la acción. ¿Podía haber hechizo más grande para un hombre como él que, un día, le pusieran en las manos una metralleta?
-Eso es una novela –dice Juanita, con una sonrisa que, al mismo tiempo, me desagravia por la ofensa-. Ésa no parece la historia real, en todo caso.
-No va a ser la historia real, sino, efectivamente, una novela –le confirmo-. Una versión muy pálida, remota y, si quieres, falsa.
-Entonces, para qué tantos trabajos –insinúa ella con ironía-, para qué tratar de averiguar lo que pasí, para qué venir a confesarme de esta manera. ¿Por qué no mentir más bien desde el principio?
-Porque soy realista, en mis novelas trato siempre de mentir con conocimiento de causa –le explico-. Es mi método de trabajo. Y, creo, la única manera de escribir historias a partir de la historia con mayúsculas.
-Me pregunto si alguna vez se llega a saber la historia con mayúsculas –me interrumpe María-. O si en ella no hay tanta o más invención que en las novelas.”

El relato de la vida de Mayta aparece directamente vinculado al proceso de escritura y a la reflexión sobre la verdad y la mentira. Se nos cuenta la historia desde el interior del personaje, al mismo tiempo que van surgiendo numerosas contradicciones y diferencias entre lo que este parece ser y hacer y lo que dicen quienes le trataron y quienes de una forma u otra estuvieron involucrados en los hechos de Jauja, o bien son poseedores de información que interesa al narrador. Se van intercalando estos dos planos narrativos hasta llegar al décimo capítulo, en el cual el narrador-autor de la historia de Mayta halla por fin al hombre que buscaba, pero resulta ser muy diferente de lo que imaginó.

En cuanto a la trama argumental, cabe señalar que existen en ella tres líneas: la historia de Mayta, el hombre de carne y hueso, la peripecia del narrador-autor en su intento de escribir una novela sobre la vida de Mayta y una tercera, que muestra un Perú en plena convulsión política, con una izquierda totalmente fragmentada en grupúsculos irreconciliables.

Sobre este telón de fondo de un país sumido en la confusión, Mario Vargas Llosa construye una interesante novela  en la cual mantiene en vilo al lector acerca de la verdad de Alejandro Mayta y de los hechos de Jauja. La historia con mayúsculas  es el cañamazo sobre el cual se perfila la sombra de un personaje inaprehensible, como inaprehensible es la verdad  profunda de cada ser humano.  

jueves, 7 de febrero de 2013

Poema del mes. Febrero: Vicente Aleixandre


Estos días ventosos y fríos  del mes de febrero no animan mucho a salir de casa. Apetece quedarse leyendo, aprovechado los rayos de sol que animan la mañana , o sentirse abrigada mientras en la calle brama un viento que arranca ramas y tumba árboles añosos. Estaba releyendo a Vicente Aleixandre. Sus libros Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935) contienen bellísimos poemas. Entre ellos destaco hoy dos: Corazón negro y Eterno secreto. Me han emocionado por su lirismo y por su apasionada intensidad. Estos poemas pertenecen a La destrucción o el amor.

El sentimiento y la pasión recorren sus versos. El ritmo de las frases -construidas con una sintaxis precisa en la palabra y en la puntuación-, tensado por la emoción, alcanza certero el corazón del lector.

La pena sorda y lacerante que expresa Corazón negro nos llega a través de imágenes poderosas y vivas, muy visuales, cargadas de simbolismo. Ambos poemas tratan del amor perdido, de un amor roto que deja al amante dolorido y solitario, añorando la calidez y la vitalidad que yacen muertas en su recuerdo.

CORAZÓN NEGRO

Corazón negro.
Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.

Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.

¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos.
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!


 

ETERNO SECRETO

La celeste marca del amor en un campo desierto
donde hace unos minutos lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas manos han retenido.

Espera, espera siempre.
Todavía llevas
el radiante temblor de una piel íntima,
de unas celestes manos mensajeras
que al cabo te enviaron para que te reflejases en el corazón vivo,
en ese oscuro hueco sin latido
del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad sin lengua.

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,
la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,
se refugia en el pecho de ese cartón besado,
besado por la luna que pasa sin sonido,
como un largo vestido o un perfume invisible.

Ay tú, corazón que no tiene forma de corazón;
caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras duerme,
mientras el color verde de los árboles próximos
se estira como ramas enlazándose sordas.

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de cristal!
Que a las almas darías apariencia de besos;
en un bosque de palmas, de palomas dobladas,
de picos que se traman como las piedras inmóviles.

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:
ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,
que musitas la dura cerrazón de los cielos,
mientras mientes un agua que parece la sangre!