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viernes, 12 de abril de 2013

Poesía y cocina: Alfonso Canales y Pablo Neruda

¡Por fin tengo un momento para sentarme y escribir tranquilamente! Debo agradecerlo, entre otras cosas, a que el día es ahora más largo y cunde más, a que es viernes y a que solo por hoy, y quizá el domingo si me lo monto bien, no tengo deberes del cole. Tal vez mi mente estaba limpia de tensiones o ajetreos y por eso he pensado en esos bonitos poemas que recogen temas gastronómicos y elevan al nivel de la poesía platos que ya de por sí son una delicia. Me refiero a los versos de Neruda ensalzando el caldillo de congrio y a los de Alfonso Canales  dedicados al ajoblanco.

Pronto tendremos aquí el calor de verdad, y entonces es más apetecible que nunca una sopa fría, refescante, en la que dulce y salado se potencian mutuamente. A mí me encantan estos contrastes y el ajoblanco, desde que lo probé, es uno de mis platos preferidos en cuanto empieza el calor.

Foto de diariosur.es

El poema de Alfonso Canales (Málaga, 1923-2010), titulado El ajoblanco, nos da la receta con todos los ingredientes y el procedimiento bien claro.

EL AJOBLANCO

Pon veinte almendras mondadas
Y cuatro dientes de ajo,
Añádele el agasao
De unas migas asentadas
De pan de hogaza, empapadas
En agua clara. Mas luego,
Entrégate al dulce juego
De majar, lubrificando
Con óleo virgen. Y cuando
Encuentre la pasta apego,
Pon sal y agua de alcazarra
Y pon vinagre de vino,
Batiendo hasta hacer un fino
Licor que todo lo enlaza.
Al producto dale plaza
En cuenco, a mesa y mantel
-éste de lino, y aquél
de fino barro o madera-
Después añada el que quiera
Dulce uva moscatel.

Lo mismo hace Pablo Neruda en su famosa Oda al caldillo de congrio. De la concisión de Alfonso Canales pasamos a las metáforas y a las hipérboles que insinúan sabores y texturas excelsos.

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

EN el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

Ambas recetas, de estilos  diferentes, son igual de apetitosas y atractivas. Es como para animarse a probar de preparar estos platos y sorprender a la familia y a los amigos con delicias tan poéticas.

lunes, 4 de marzo de 2013

El Vaticano visto por Boccaccio o la actualidad de un clásico


Que nada nuevo hay bajo el sol se encarga de recordárnoslo la lectura de los clásicos. La renuncia de Joseph Ratzinger al papado, hecho insólito que nadie esperaba y gesto que le honra como persona,  ha destacado más aún, por contraste,  el clima de corrupción económica y humana que domina en el Vaticano. Escandaloso, pero no nuevo, si nos atenemos a uno de los relatos del Decamerón, libro delicioso donde los haya.

Me parece  un buen momento para recordar a Giovanni Boccaccio (1313-1375) y releer  la narración segunda de la primera jornada del Decamerón, en la cual “El judío Abraham, incitado por Giannotto de Civigni, va a la Corte de Roma y, al ver la maldad de los clérigos, vuelve a París y se hace cristiano.”

En este breve cuento, Giannoto de Civigni, mercader de París, se lamentaba de que su amigo Abraham, mercader también, no abriera los ojos,  abandonara la fe judaica se convirtiera al cristianismo. Tanto pudieron su insistencia y su poder de persuasión, que, finalmente, Abraham le dijo:

-Ea, Giannoto, pues a ti te agrada que me haga  cristiano, dispuesto estoy a cumplirlo; y tanto, que quiero primero ir a Roma y ver allí al que tú dices que es vicario de Dios en la tierra, para considerar sus maneras y costumbres y las de los cardenales, sus  hermanos. Y si ellas me parecen tales que yo pueda, entre eso y tus palabras, comprender que vuestra fe es mejor que la mía, según te has ingeniado en demostrarme, haré aquello que te he dicho. Mas, si no fuese así, seguiré judío como hasta ahora.

Oyendo esto Giannotto, sintióse sobremanera apenado y decíase para sí: “He perdido el trabajo que tan óptimamente empleado me parecía, creyendo a éste haber convertido; porque si va a la Corte de Roma y ve la vida depravada e impía de los eclesiásticos, no ya no se hará cristiano, siendo judío, sino que, si cristiano fuese, judío de seguro que se tornaría.

El caso es que Abraham  se da una vueltecita por Roma, conociendo testimonios y viendo con sus propios ojos cómo:

 “del mayor al menor  todos allí pecaban con gran deshonestidad en cosas de lujuria, y no sólo en la natural, sino en la sodomítica, sin freno alguno de remordimiento o vergüenza […] conoció claramente que los que observaba eran universalmente comilones, bebedores, ebrios y más servidores de su vientre, como animales irracionales, y de la lujuria, que de ninguna otra cuestión. Y ahondando más, tan avaros y ansiosos de dinero los vio, que tanto la humana sangre, incluso la cristiana, como las cosas divinas, y lo a los sacrificios y beneficios perteneciente, por dinero vendían y compraban, haciendo mayor mercadería y más ganancias teniendo, que cuanto pudiera encontrarse en París, con ventas de pañerías u otras cosas.”

Cuando el pobre judío hubo visto bastante, regresó a París y comunicó a su amigo Giannoto de Civigni que,  a pesar de la vida de crápulas que llevaban los clérigos, y a pesar de que se dedicaban con todas sus fuerzas a exterminar la religión cristiana, cuando deberían ser sus más ardientes defensores, “vuestra religión aumenta y más lúcida y clara se torna, con razón me parece discernir que el Espíritu Santo es su fundamento y sostén, como más santa y verdadera que otra. Por lo cual […] ahora abiertamente te digo que por nada del mundo dejaré de hacerme cristiano.”

El cuento no tiene desperdicio, pues, a través de la ironía y del fino humor de Giovanni Boccaccio, se pone de manifiesto una  actitud crítica con la falsedad en la que vivían en el siglo XIV los prelados, cardenales y demás clérigos de Roma. Uno de los rasgos del  Renacimiento es precisamente la inquietud de muchos espíritus cultivados y sensibles por lograr una religiosidad más auténtica, una espiritualidad alejada del materialismo y la mentira. Los iluminados, los erasmistas, y , por último, la Reforma protestante serán las consecuencias de la conducta de quienes deberían haber sido un ejemplo y un modelo de religiosidad.

Lo triste de este asunto es que el relato de Boccaccio tiene plena vigencia. La situación vista y descrita por el judío Abraham es más o menos la actual. Pone los pelos de punta conocer los hechos relativos a la pederastia, la codicia, las traiciones, las ansias de poder de algunos hombres de iglesia.

Poema del mes. Marzo: Eloy Sánchez Rosillo


Llegó marzo, y con él pronto tendremos la primavera, el lento e imparable renacer de todo cuanto duerme el sueño invernal. El poeta Eloy Sánchez Rosillo ama, sin duda, la primavera. En su obra  Sueño del origen dedica dos poemas al mes de marzo. En Pensando en marzo, expresa  la terrible añoranza del mes que lleva en sí las alegres y hermosas promesas primaverales, cuando aún queda tan lejos,  que parece imposible que vaya a producirse el milagro. El segundo poema, Entra marzo, brevísimo, es la alegría, la felicidad pura por ese milagro de la naturaleza que cada año acude fiel a su cita.

Son dos bonitos poemas para recibir este mes a partir del cual el frío nos irá abandonando lenta pero definitivamente. 

PENSANDO EN MARZO

En su momento, marzo volverá,
según los calendarios nos indican.
Y no es que piense yo que no sea cierto
que ha de ocurrir su vuelta. Sin embargo,
cuánto lo echo de menos esta tarde
de mediados de enero. Se diría
 fábula en la memoria e ilusión
de todo el bien posible. Uno no ignora
que existe el sol, que hay pájaros, abejas,
tardes que paulatinas van creciendo,
rosas, cielos azules y muchachas
de ojos irresistibles y de andares
muy peligrosos para los que miran
sin tomar precauciones. Pero es
misterio que confluya todo eso
-y tan intensamente, y tan de golpe-
en un punto del año, que se junte
y se funda en seguida en una cosa
que es más que cada cosa y es milagro
hecho ante nuestro asombro. Sí, parece
que marzo ha de volver, y así lo dicen
los almanaques, la experiencia y quienes
saben del mundo y de sus movimientos,
de estaciones, de ciclos. Aunque yo,
desde este exilio que es su ausencia, desde
el corazón del intratable invierno,
lo echo de menos mucho, y lo recuerda
con desconsuelo mi penuria de hoy
como leyenda y como paraíso,
sueño hermoso que tuve igual que un don
perdido para siempre, para siempre.


ENTRA MARZO

No me cabe en el cuerpo la alegría
De que por fin haya llegado marzo.
No sé qué hacer con ella; sobra tanta
que hay para dar y repartir. Acaso
la desmenuce en migas de pan tierno
y se la eche a los pájaros.

sábado, 9 de febrero de 2013

Mario Vargas Llosa: Historia de Mayta


Historia de Mayta, de Mario Vargas Llosa, publicada en 1984, es  un relato inspirado en un hecho real, la insurrección armada que se produjo en la cárcel de Jauja en mayo de 1962, de la que el novelista tuvo noticia estando en París al ver la mención de este hecho en el diario Le Monde. Vargas Llosa sitúa los acontecimientos en 1958 y cambia los nombres de los personajes principales.

Ya me habían dicho que Historia de Mayta fue en su momento una novela muy controvertida, pues la lectura más inmediata que de ella se hizo fue a la luz de las consideraciones sobre la postura política del autor y la visión de la izquierda peruana que se proyecta en esta obra. Tengo entendido que se le ha reprochado el excesivo peso de la ideología del autor y que eso la convierte en una novela mediocre; otro aspecto que se le critica es la forma tan superficial en que Vargas Llosa trata los movimientos de izquierda en Perú. En cuanto a los valores literarios de la obra, se ha criticado, por ejemplo, la poca profundidad de los personajes.

En cualquier caso, me parece a mí, no pueden confundirse lo literario y lo histórico en los juicios de valor sobre una novela. Un texto literario es un espacio de  y para la libertad, y Mario Vargas Llosa es escritor antes que ideólogo. En Historia de Mayta Vargas Llosa parte de un personaje histórico  y de unos hechos que ocurrieron realmente. El argumento tejido en torno a la confusa historia del levantamiento armado de Jauja y a la  no menos ambigua figura de Alejandro Mayta es el pretexto para desarrollar el tema literario de la verdad como algo inalcanzable. Este mismo tema, la imposibilidad de llegar a conocer toda la verdad, fue tratado de una forma similar por Gabriel García Márquez en su novela Crónica de una muerte anunciada (1981), cuyo argumento fue extraído también de un hecho real.

A lo largo de los diez capítulos en que se divide la novela  aparecen distintos puntos de vista narrativos. La perspectiva que actúa a modo de hilo conductor es la del narrador-escritor-investigador, trasunto del propio Vargas Llosa, que va entrevistando a muy diversas personas que en el pasado tuvieron relación con Alejandro Mayta o con los hechos acaecidos en Jauja. Cada uno de los entrevistados aporta su particular visión de los hechos, convirtiéndose en narrador parcial que proyecta luz sobre un aspecto concreto de la historia de Mayta. Los testigos, sin embargo, no desean ser reconocidos, por si acaso. O bien, se curan en salud diciéndole al narrador que si son reconocidos, negarán haber dicho cuanto se ponga en su boca.

“-Si escribe algo, no me mencione para nada –me ruega Doña Josefa Arrisueño-. O, por lo menos, cámbieme el nombre y, sobre todo, la dirección de la casa. Habrán pasado muchos años pero en este país nunca se sabe. Hasta lueguito.”

Vargas Llosa plantea en la novela dos planos argumentales que actúan a modo de estructura: uno, la búsqueda de información fiable sobre la vida y la personalidad de  Alejandro Mayta, el líder socialista, que junto con Vallejos, un joven militar, promovió la insurrección de Jauja; y el otro, la historia personal de Mayta.

La búsqueda de información sobre la verdadera historia de Alejandro Mayta es presentada por el narrador como un proceso de documentación para escribir una novela. En una conversación con la hermana de Vallejos al principio de la novela, introduce ya el tema de la dialéctica entre historia-ficción y verdad-mentira, que recorrerá la novela de principio a fin:

“…Mayta era un revolucionario de la sombra. Se había pasado la vida conspirando y pelegando en grupitos ínfimos como aquel en el que militó. Y, de pronto, cuando se acercaba al a edad en que otros se jubilan de la militancia, apareció alguien que, por primera vez, le abrió las puertas de la acción. ¿Podía haber hechizo más grande para un hombre como él que, un día, le pusieran en las manos una metralleta?
-Eso es una novela –dice Juanita, con una sonrisa que, al mismo tiempo, me desagravia por la ofensa-. Ésa no parece la historia real, en todo caso.
-No va a ser la historia real, sino, efectivamente, una novela –le confirmo-. Una versión muy pálida, remota y, si quieres, falsa.
-Entonces, para qué tantos trabajos –insinúa ella con ironía-, para qué tratar de averiguar lo que pasí, para qué venir a confesarme de esta manera. ¿Por qué no mentir más bien desde el principio?
-Porque soy realista, en mis novelas trato siempre de mentir con conocimiento de causa –le explico-. Es mi método de trabajo. Y, creo, la única manera de escribir historias a partir de la historia con mayúsculas.
-Me pregunto si alguna vez se llega a saber la historia con mayúsculas –me interrumpe María-. O si en ella no hay tanta o más invención que en las novelas.”

El relato de la vida de Mayta aparece directamente vinculado al proceso de escritura y a la reflexión sobre la verdad y la mentira. Se nos cuenta la historia desde el interior del personaje, al mismo tiempo que van surgiendo numerosas contradicciones y diferencias entre lo que este parece ser y hacer y lo que dicen quienes le trataron y quienes de una forma u otra estuvieron involucrados en los hechos de Jauja, o bien son poseedores de información que interesa al narrador. Se van intercalando estos dos planos narrativos hasta llegar al décimo capítulo, en el cual el narrador-autor de la historia de Mayta halla por fin al hombre que buscaba, pero resulta ser muy diferente de lo que imaginó.

En cuanto a la trama argumental, cabe señalar que existen en ella tres líneas: la historia de Mayta, el hombre de carne y hueso, la peripecia del narrador-autor en su intento de escribir una novela sobre la vida de Mayta y una tercera, que muestra un Perú en plena convulsión política, con una izquierda totalmente fragmentada en grupúsculos irreconciliables.

Sobre este telón de fondo de un país sumido en la confusión, Mario Vargas Llosa construye una interesante novela  en la cual mantiene en vilo al lector acerca de la verdad de Alejandro Mayta y de los hechos de Jauja. La historia con mayúsculas  es el cañamazo sobre el cual se perfila la sombra de un personaje inaprehensible, como inaprehensible es la verdad  profunda de cada ser humano.  

jueves, 7 de febrero de 2013

Poema del mes. Febrero: Vicente Aleixandre


Estos días ventosos y fríos  del mes de febrero no animan mucho a salir de casa. Apetece quedarse leyendo, aprovechado los rayos de sol que animan la mañana , o sentirse abrigada mientras en la calle brama un viento que arranca ramas y tumba árboles añosos. Estaba releyendo a Vicente Aleixandre. Sus libros Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935) contienen bellísimos poemas. Entre ellos destaco hoy dos: Corazón negro y Eterno secreto. Me han emocionado por su lirismo y por su apasionada intensidad. Estos poemas pertenecen a La destrucción o el amor.

El sentimiento y la pasión recorren sus versos. El ritmo de las frases -construidas con una sintaxis precisa en la palabra y en la puntuación-, tensado por la emoción, alcanza certero el corazón del lector.

La pena sorda y lacerante que expresa Corazón negro nos llega a través de imágenes poderosas y vivas, muy visuales, cargadas de simbolismo. Ambos poemas tratan del amor perdido, de un amor roto que deja al amante dolorido y solitario, añorando la calidez y la vitalidad que yacen muertas en su recuerdo.

CORAZÓN NEGRO

Corazón negro.
Enigma o sangre de otras vidas pasadas,
suprema interrogación que ante los ojos me habla,
signo que no comprendo a la luz de la luna.

Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías
a latidos inciertos, bocanadas calientes,
vaho pesado de estío, río en que no me hundo,
que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.

Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,
como existe la luna, la abandonada luna,
hueso que todavía tiene un claror de carne.

Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,
entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,
veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,
esa sola sospecha de sangre que no pasa.

¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,
corazón que algún día latiste entre unas manos.
beso que navegaste por unas venas rojas,
cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!


 

ETERNO SECRETO

La celeste marca del amor en un campo desierto
donde hace unos minutos lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas manos han retenido.

Espera, espera siempre.
Todavía llevas
el radiante temblor de una piel íntima,
de unas celestes manos mensajeras
que al cabo te enviaron para que te reflejases en el corazón vivo,
en ese oscuro hueco sin latido
del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad sin lengua.

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,
la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,
se refugia en el pecho de ese cartón besado,
besado por la luna que pasa sin sonido,
como un largo vestido o un perfume invisible.

Ay tú, corazón que no tiene forma de corazón;
caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras duerme,
mientras el color verde de los árboles próximos
se estira como ramas enlazándose sordas.

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de cristal!
Que a las almas darías apariencia de besos;
en un bosque de palmas, de palomas dobladas,
de picos que se traman como las piedras inmóviles.

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:
ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,
que musitas la dura cerrazón de los cielos,
mientras mientes un agua que parece la sangre!

jueves, 17 de enero de 2013

Jack Kerouac: Els pòtols místics (Los vagabundos del Dharma)


No había leído nada de Jack Kerouac, aun conociendo la importancia de su obra En la carretera. Un amigo me prestó Els pòtols místics, traducida por Manuel de Pedrolo (en traducción castellana Los vagabundos del Dharma). En cuanto la hojeé un poco, supe que debía leer esta novela. De entrada, me sentí cautivada hasta la emoción  por los dos o tres fragmentos descriptivos con los que me topé al azar. Ahora que la he terminado, puedo deciros que es una de las novelas más bonitas que he leído. 


Jack Kerouac  (1922-1969), miembro de la Beat Generation y autor de la emblemática novela  En la carretera, recogió en  
The Dharma Bums, título original,  las inquietudes de todo un sector de jóvenes norteamericanos de la década de los años 50. Tuvo el mérito de plasmar en un relato de ficción un ideal y un modelo de vida que respondía a una nueva sensibilidad  que no tardaría en difundirse en Europa.

En mi opinión, el autor de  Els pòtols místics (1958) trata un tema clásico, de antigua raigambre, que gracias a su originalidad como escritor resultó novedoso y de gran influencia en su momento:   la relación entre el bucolismo y el deseo de regeneración espiritual, materializada en el interés por el budismo Zen y la vida libre y vagabunda de los personajes, que buscan constantemente la inmersión en una naturaleza grandiosa y salvaje.

Ya en autores clásicos como Teócrito  y Virgilio aparece este tema, que experimenta un poderoso auge durante el Renacimiento. Así, por ejemplo, los jóvenes narradores del Decamerón, agobiados por el sufrimiento ocasionado por la peste que ha asolado Florencia, abandonan la población y se retiran a una villa en el campo. El contacto con la naturaleza les hace revivir y les permite crear un nuevo marco de vida propio y más auténtico, en cuyo seno darán rienda suelta a unos relatos que reflejan un nuevo espíritu, alejado ya de lo medieval. La novela pastoril, por su parte, recrea un entorno bucólico idealizado y pone en boca de pastores refinados y cultos un discurso en el que se pinta un mundo mejor que el real, todo ello bajo la poderosa influencia del neoplatonismo.

Avanzando un poco más en el tiempo, encontramos en el Romanticismo una nueva visión de lo bucólico. Este movimiento rompe con las formas literarias tradicionales a través de las que se había cultivado este tema, pero mantiene, no obstante, la esencia del culto bucólico, que es la comunión con la Naturaleza. Con el Romanticismo la búsqueda de lo sagrado y trascendente se desplaza hacia la Naturaleza, convirtiéndose el amor hacia esta en una nueva religión. El hombre romántico busca la unión con la divinidad a través de la Naturaleza, pues en ella satisface el anhelo de  la fusión con algo más grande y cósmico que él mismo.

En relación con este tema aparece otro que también forma parte de la tradición clásica: el contraste entre las bondades de la vida natural y los inconvenientes de la vida urbana. Este contraste recorre constantemente el relato de Kerouac, como veremos.

En cuanto al modelo humano que nos brinda Els pòtols místics (Los vagabundos del Dharma), que es el que lleva a la práctica este ideal de vida, el pastor clásico y el aventurero romántico quedan ya lejos y les sustituye el joven e idealista vagabundo, hombre autosuficiente, austero, práctico, amante de la vida libre y sin ataduras, representado por el personaje Japhy Ryder, joven a quien el protagonista de la novela admira sin reservas.  En este hombre nuevo se aúnan el ideal bucólico y las inquietudes espirituales que, en el caso de la novela que nos ocupa, se apartan de lo común en la cultura occidental para centrarse en un poderoso interés por el pensamiento budista y el modelo de vida que este propone.

Aquí radica, en mi opinión, uno de los elementos más innovadores que debió suponer Els pòtols místics en los años 50 en EEUU: la conversión en materia de ficción literaria del interés por la espiritualidad oriental que comenzaba a desarrollarse en Norteamérica y que tendría su mayor florecimiento a lo largo de los años 60 y 70. Hubo, sin duda, tal como destaca Vicente Merlo en su ensayo  La llamada (de la) Nueva Era, una idealización de Oriente tan centrada en lo espiritual que olvidó el Oriente real. El caso es que, según este autor, el orientalismo canalizaba la rebelión y el rechazo de la propia cultura y la propia sociedad y cumplía la función de proyectar los propios ideales en una cultura, un movimiento o unas figuras muy alejados en el tiempo y en el espacio.  En este sentido, los personajes de Els pòtols místics son precursores, avanzadilla de cuanto llegará a desarrollarse y difundirse a través del movimiento hippie en los años 60. Pero veamos ya cómo aparecen estos temas en la novela.

Ray Smith, el narrador protagonista, y sus amigos son jóvenes con inquietudes,  que se sienten diferentes. Buscan algo distinto de la vida convencional que lleva la gente de la clase media americana. Se sienten atraídos por la vida natural, más auténtica y más libre. 

“Amb els nostres vestits vells, en Japhy i jo féiem un efecte tot estrany en el terreny de la Universitat, i de fet,en Japhy hi era considerat un excèntric, cosa corrent en aquesta mena d’indrets i entre les persones que els freqüenten, quan hi fa cap un home veritable, ja que les facultats no són sinó centres d’ensenyança que s’ocupen d’una clase mitja sense personalitat que té la seva expressió perfecta ala perifèria de la universitat, en aquestes rengleres de cases de gent benestant, am els seus jardinets i un televisor a cada sala d’estar, tothom mirant el mateix i pensant en el mateix alhora, mentre els Japhys del món vaguen pels erms per tal d’escoltar la veu que clama en el desert, descubrir l’èxtasi de les estrelles i esbrinar el secret misterios i obscur de l’origen de la crapulosa civilització sense rostre ni fantasia”.

 El interés por el budismo Zen lo llevan consigo los personajes desde el primer capítulo de la novela. No harán otra cosa que servirse de esta guía espiritual y moral para conducirse en las circunstancias que se les irán presentando a lo largo del argumento. Hallan en el budismo Zen una vía, no de escape, sino un camino para alcanzar la satisfacción de un anhelo interior que la vida de su entorno cotidiano, familiar y conocido no les proporciona. Hay que destacar especialmente que en estos jóvenes se aúna el espíritu contemplativo con la vida del hombre de acción en medio de la naturaleza salvaje y pura. Su acción no se encamina, evidentemente, a conseguir un lugar en el sistema de la sociedad capitalista, sino todo lo contrario: buscan la pureza y la elementalidad.

Ray Smith y sus amigos Japhy Ryder  y Morley  proyectan escalar el Matterhorn. Durante la preparación y el inicio de esta expedición vamos conociendo a través de los diálogos cuáles son los ideales y los intereses que inspiran la conducta de estos jóvenes: el pensamiento budista, la naturaleza como huida de la civilización, la poesía…

De camino hacia la montaña, la naturaleza se les ofrece bella, fresca y acogedora, como el lugar natural donde los caminantes hallan acomodo y cobijo en todo momento. Las breves descripciones del narrador nos dan una imagen viva y dinámica de cada rincón de la montaña por donde pasan: 

“Jo em sentia  inmensament complagut amb aquella mena d’aspecte inmortal que tenia el sender al començament de la tarda, amb els vessants herbosos d’un costat que semblaven plens de pols d’or, amb els insectes que saltaven sobre les roques i amb el vent que sospirava una dansa tremolosa entre les pedres calentes. Ara i adés el sender s’endinsava per algún indret fresc i ombrejat, atapeït de grans arbres alts entre els quals la llum es feia més profunda.”

El sentimiento de profunda comunión con la naturaleza hace que Ray experimente la sensación de algo vivido con anterioridad en medio del bello paisaje:

 “Però jo tenia la impressió que ja havia vist –una altra tarda, feia molt de temps- aquell sender, els Prats, les roques, els tramussos i les roselles; que havia vist el tumultuós rierol amb el tronc caigut que li feia de pont i la verdor del fons. En el meu cor hi havia quelcom d’indescriptiblement partit, com si amb anterioritat ja hagués viscut i caminat per aquell sender amb un companu bodhisattva, però en el curs d’un viatge potser més important; em venien ganes de deixar-me caure en un marge i de reocrdar-ho tot”.

El hombre natural, que encuentra su sitio en el seno de la naturaleza, siente que pertenece a este mundo, no al opuesto, que es el de la civilización y el de la ciudad. Esa conciencia se mantiene a lo largo de la novela como un hilo conductor que le proporciona unidad temática. Los jóvenes disfrutan de la escalada y de las sorpresas que les va deparando el trayecto por los imponentes paisajes. La prosa de Jack Kerouac, a través de la visión de Ray,  nos transmite una mirada inocente y pura sobre la naturaleza solitaria y agreste, alejada de la civilización, tal como la buscan los jóvenes protagonistas. La naturaleza es percibida como algo sagrado y trascendente:

“- Quin silenci!- vaig exclamar.
-Sí señor. Saps? Per a mi, una muntanya és un Buda. Pensa en la seva paciencia. Centenars de milers d’anys immòbil al seu lloc, en un silenci perfecte i com si en aquest silenci pregués per tots els éssers vius, tot espeerant que posem terme a les nostres agitacions i ximpleries.

Continuamente aparece el contraste entre civilización y naturaleza. Los personajes se encargan de ello. La naturaleza se convierte así en un valor supremo, conscientemente buscado y exaltado. La belleza sobrecoge el corazón de Smith y lo llena de felicidad. Su mirada sobre el paisaje y sobre las experiencias vividas en él es inocente y limpia, receptiva y positiva:

 “En tota la meva vida no havia conegut un moment tan feliç com el que vaig pasar seguint el sender dels cérvols tot sol, […] Em sentia profundament agraït per tot.

Con el relato de la visita a casa de Sean Monahan y su esposa, Ray nos presenta el ideal de vida natural, autosuficiente  y austera en medio del entorno natural. El contraste entre la vida libre del vagabundo en medio de la naturaleza y la vida de quienes viven atados a un trabajo reglado en el medio urbano y se dedican a ganar dinero se refleja de nuevo en el encuentro de Ray con Beaudry, un camionero que le lleva durante una parte de su trayecto. Gentes como Beaudry  tienen bienes materiales, pero carecen de libertad.

Cuando Ray se va de casa de Sean, después de pasar dos días con Japhy, que se marcha a Japón, se encamina hacia las montañas de la zona de Seatle para trabajar como guardabosque en el monte Desolación.  Durante el trayecto, Ray no tiene ojos más que para la belleza de cuanto se ofrece a su paso:

 “Aquell torrent de puresa que tenia als peus era obra de les muntanyes serenes. El sol brillaba en els remolins, on alguns troncs s’encaraven amb el corrent. Els ocells volaven a tocar de l’aigua, buscant peixos somrients i amagats que tan sols ocasionalment i de sobte saltaven de llur element, arquejant l’esquena i tornant a caure en el corrent. […] Era un riu de meravella, el buit de l’eternitat daurada que s’omplia d’olors de molsa, escorces, branques i fang; davant  els meus ulls feia desfilar visions ululants i misterioses, tot i tractar-se d’un indret tranquil i perenne, cobert d’arbres que s’enfilavan pels vessants i de clapes de sol dansaires.”

La vida en la montaña solitaria, en el ambiente duro y helado del entorno donde se halla su cabaña, es para Ray una prueba y a la vez la comprobación de que puede vivir por sí mismo en tales condiciones. Es una experiencia que le hace feliz, y, por ello, siente una enorme gratitud. Cuando finaliza su estancia en la cabaña, es consciente de que ha vivido en la Arcadia soñada y de que gracias a esta experiencia ha vivido fuera de “este” mundo:

Vaig tombar-me un altre cop i vaig prosseguir la meva davallada pel sender, de nou cap a aquest món.”

En cuanto al estilo, la prosa de Jack Kerouac es fresca, concisa, esencial, despojada de todo lo superfluo. El autor posee un magistral dominio del ritmo narrativo, que logra mantener la atención del lector en todo momento, a pesar de los abundantes fragmentos narrativos. Las descripciones adquieren pleno sentido en medio de la narración y participan también del ritmo ágil y de la misma tensión narrativa, nunca se hacen pesadas. Constituyen un elemento esencial de la novela, pues en ellas se concreta y se materializa buena parte del tema principal  de la obra.

Como os decía al principio, la novela es preciosa, y mi recomendación es que la leáis sin prejuicios, sin hacer caso de sinopsis superficiales y llenas de estereotipos. Lo esencial es el encuentro entre el lector y la obra y las ideas y sensaciones que surgen de esa comunicación. La literatura ofrece siempre una radiografía ideológica de cada momento y nos permite un acercamiento y una comprensión de la sensibilidad de las personas que viven en un período histórico determinado.

sábado, 5 de enero de 2013

Poema del mes. Enero: Pablo Neruda


El mes de enero es la puerta del año. Nos invita a la esperanza de algo mejor.  En el paso de un año a otro hay siempre algo que muere para que lo nuevo pueda nacer. Es el poder de los ciclos de la naturaleza que el ser humano lleva incorporados en sus esquemas mentales, aunque a veces nos cueste reconocerlo, tan distintos llegamos a sentirnos del mundo natural,  como si fuéramos algo aparte de la naturaleza.

Creo que este bonito poema de Pablo Neruda, perteneciente al libro Estravagario (1958), está en perfecta sintonía con esa relación profunda entre el ser humano y la naturaleza. Me gusta especialmente la  breve evocación del invierno y la imagen quede sí mismo nos ofrece, sumido en  el recogimiento y el silencio que incuban una explosión de vida.


PIDO SILENCIO

AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos.

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.